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viernes, 25 de noviembre de 2011

VOLVER A INTENTARLO: PROYECTO EDUCATIVO-LABORAL DE JOVENES ADULTOS SOCIALES



Leandro Sepúlveda V.
Antropólogo Social; investigador del Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación CIDE, Chile; docente del Magíster en Políticas Sociales y Desarrollo Local, Universidad Arcis, Chile y Escuela de Servicio Social, Universidad Católica de Valparaíso, Chile.

Dirección para corespondencia: 


RESUMEN 
En su aspecto medular, el artículo pretende recoger e interpretar las principales representaciones del mundo del trabajo y el proyecto educativo-laboral que realizan jóvenes adultos sociales que se encuentran actualmente cursando su enseñanza media en el sistema de educación de adultos. En este texto se pretende entregar antecedentes empíricos de un segmento social juvenil que, habiendo abandonado la educación formal, después de algunos años, intenta terminar sus estudios secundarios en un sistema alternativo en búsqueda de mejores posibilidades de inserción social.
El artículo sintetiza algunas hipótesis conclusivas que remiten al perfil general de estos jóvenes, su experiencia educativa y laboral, las representaciones generales que realizan de su entorno y su proyección de futuro personal. En términos generales se señala que estos jóvenes expresan una nueva forma de moratoria y son portadores de un proyecto educativo no exento de desajuste en sus expectativas. Carentes de redes sociales significativas, participando en un modelo de formación precario y con bajos niveles de innovación, en su discurso, con todo, prevalece un visión optimista de futuro y de confianza en su propio esfuerzo para salir adelante.
Tales consideraciones parecen relevantes en una discusión amplia sobre el futuro del sistema de educación de adultos, en perspectiva de favorecer propuestas formativas más adecuadas para hacer frente a las transformaciones del mundo del trabajo, diversificando un modelo extremadamente rígido de formación académica pro-univer-sitaria y poco funcional al perfil del joven que motiva el interés de este estudio.
Palabras clave: jóvenes, educación y trabajo



I. Introducción
Desde hace algunos años el sistema de educación de adultos en Chile ha tenido un proceso de transformaciones más que relevante. En efecto, en la última década se ha verificado un crecimiento sostenido de su matrícula, incrementando en más de 50 mil plazas el total de alumnos entre los años 1990 y 2000. Actualmente, con una tasa de crecimiento anual de la matrícula superior al 7,5%, el sistema acoge un número cercano a las 120 mil personas, y de este total, el 75% corresponde a jóvenes de ambos sexos entre 15 y 24 años.1
Este cuadro representa una modificación importante de la imagen tradicional de la educación de adultos en nuestro país, por lo general asociada a un modelo de nivelación de estudios para personas mayores, insertas en el sistema laboral y bajo la modalidad de formación vespertina. A diferencia de eso, hoy el grueso de los estudiantes de educación de adultos corresponde a jóvenes pobres de ambos sexos, desertores o expulsados del sistema educacional tradicional, y que retornan a sus estudios luego de algunos años fuera del sistema.2
Se trata de jóvenes con una experiencia laboral fragmentaria, muchos de ellos dependientes de su grupo familiar, y con una amplia disponibilidad horaria para el desarrollo de su actividades formativas. Este perfil, denominado joven adulto social, sintetiza una situación de indefinición y/o prolongación del período de construcción de identidad del sujeto, combinando actividades propiamente estudiantiles con actividades laborales y otras responsabilidades familiares. En rigor, correspondería a una categoría social específica de la heterogénea realidad juvenil actual, íntimamente vinculada a las profundas transformaciones económicas y socioculturales de los últimos decenios.
En efecto, la alta presencia de jóvenes desertores recientes del sistema tradicional al interior de los establecimientos de educación de adultos, parece reflejar un hecho significativo, esto es, la incidencia de la presión social por una mayor escolarización, y el reconocimiento extendido de que la certificación de educación secundaria completa es una condición básica para la incorporación al mercado de trabajo.
El abandono temprano de la educación secundaria restringe cualquier intento de proyecto alternativo. Con serias limitaciones de inserción y permanencia en un empleo, estos jóvenes reconocerían la necesidad imperiosa de contar con la licencia de educación secundaria, encontrando en el establecimiento de educación de adultos una oportunidad para volver a intentarlo.
Aunque los motivos esgrimidos para concurrir a un centro de estas características pueden ser variados, los antecedentes disponibles reflejan una gran homogeneidad socioeconómica de sus integrantes. Se trata de jóvenes en situación de exclusión social, por lo general, expulsados o desertores del sistema tradicional de educación y depositarios de una serie de problemas sociales que dificulta su permanencia en un establecimiento formal y su incorporación al trabajo.
Son jóvenes que tienen como perspectiva inmediata (independientemente de sus intenciones odeseos) la vinculación al mundo laboral, pero que carecen de los recursos sociales básicos para desarrollar una estrategia con algún nivel de éxito en el corto plazo.
Este artículo pretende destacar algunos resultados de un estudio enfocado en este segmento de la realidad social. El estudio estuvo orientado a recoger e interpretar las principales representaciones del mundo del trabajo y el proyecto educativo-laboral que realizan estos jóvenes.3
El foco de interés de la investigación resaltaba la importancia de concentrar los esfuerzos interpretativos en los sentidos, expectativas y proyectos que organizan y re-organizan la vida personal de los sujetos. ¿Qué razones llevan a estos jóvenes, de manera creciente, a intentar una nueva experiencia educacional destinada a completar su enseñanza media?; ¿cuál es su experiencia familiar inmediata y qué motivos se esgrimen como causa de su fracaso escolar anterior?, ¿cuál es su experiencia laboral y qué proyecciones realizan en relación al mundo del trabajo?; en un sentido más general, ¿cuáles son los sueños y expectativas en el futuro inmediato de estos jóvenes? Éstas son algunas de las preguntas que orientaron esta investigación.
De un modo general, el estudio enfatiza el análisis de los sentidos atribuidos al trabajo, la incorporación a un empleo, y el valor que se asigna a la formación recibida en el marco de la permanencia en el sistema escolar. Con esto, se pretende entregar información empírica sobre la relación educación y trabajo, discusión que en los últimos años ha estado focalizada, mayormente, en el análisis de los sistemas y sus distintos componentes (y con un fuerte sesgo prescriptivo), en desmedro de los sujetos y sus prácticas, los procesos de adecuación al orden cambiante, y las re-elaboraciones colectivas de sentido bajo las nuevas exigencias de tipo estructural.
Menos que un intento por abordar grandes procesos sociales o asumir en su complejidad las transformaciones de los sistemas educativo o laboral, este estudio se intenta situar en el marco de la tradición antropológica destinada a hacerse cargo de ámbitos acotados de la realidad sociocultural o la vida interior de las sociedades,4 relevando la figura de actores específicos, sus experiencias de vida, sus representaciones y proyecciones como un insumo fundamental para una discusión informada.
Sostenemos que el reconocimiento de los procesos vivenciados por sujetos particulares en un contexto social de grandes transformaciones, representa un esfuerzo conducente menos que a entregar respuestas, formular preguntas adecuadas que, junto a otras, oriente un posicionamiento productivo en el pensamiento social de este tiempo. Como señala Maffesoli, éste es un tiempo «en el cual, debido al cambio de valores que se lleva a cabo, es necesario saber escuchar como crece la hierba» (Maffesoli, 1993:24).
En lo que sigue se presenta un breve marco de antecedentes generales destinado a resaltar las paradojas del actual momento de la modernización de nuestra sociedad para las generaciones jóvenes; esto es, la fuerte incidencia de la escolarización y la preeminencia de un modelo de educación secundaria en el construcción de proyecto personal, junto a la creciente segmentación social derivada de un modelo productivo caracterizado por la precariedad, la dualización y la integración precaria. Se sostendrá que, justamente, éste es el contexto económico social que engloba la actual situación de los jóvenes objeto de nuestro interés.
En la segunda parte del artículo se entrega algunos de los resultados principales de la indagación empírica, particularmente a partir de los resultados obtenidos de una encuesta representativa a jóvenes estudiantes en el sistema de educación de adultos en la Región Metropolitana. El artículo concluye con algunas observaciones generales derivadas del estudio y que pueden ser de utilidad para repensar las propuestas formativas a nivel de educación de adultos en el marco de sus actuales características.

II. Antecedentes generales
1. Jóvenes en situación de exclusión social. La tensión entre el proceso de escolarización y la marginación del mercado laboral

Es un hecho consensual que a lo largo de la década del noventa se ha producido un conjunto de transformaciones de gran magnitud al interior del sistema educacional chileno. En breve, durante este período, se observa i) la consolidación del proceso de amplia cobertura de la matrícula básica y media alcanzando, en este último caso, al 85% de la población en edad escolar, ii) a nivel institucional se implementa un ambicioso programa de reforma curricular, enfatizando en principios de formación general, funcionales a los requerimientos del mundo del trabajo y nuevas formas de organización de la vida social moderna, y iii) se enfatiza en el desarrollo de nuevos contextos de aprendizaje, aportando recursos institucionales para mejorar las bases materiales de estas iniciativas (Cox, 2001:283).
La reforma educacional impulsada durante estos últimos años, particularmente en lo que refiere a la educación secundaria, ha intentado responder la pregunta de cómo vincular el sistema educativo al conjunto de requerimientos del mundo actual, favoreciendo una mayor igualdad de oportunidades sociales y ampliando las alternativas formativas con la intención de evitar las tendencias a la segmentación social (Belleï, 2000:45).
Tales esfuerzos se vinculan, sin duda, a las nuevas formas de organización y demandas del mundo productivo, sustentado mayormente en la organización del conocimiento, las relaciones interpersonales y la capacidad de adaptación a exigencias cambiantes, en el marco de un sistema laboral crecientemente desregulado.
Como consecuencia de este proceso, en nuestra sociedad existe una amplia valoración de la educación para la inserción en el mundo del trabajo y la elaboración de un proyecto de vida, reconociéndose que la educación secundaria más que una meta, constituye una base mínima de acceso al mundo laboral.5
El incremento de las tasas de escolarización (potenciado por el proceso de reforma educacional durante la década del noventa) ha servido como principal argumento para el augurio de un futuro de mayor bienestar de las nuevas generaciones: «son varias las razones que permiten afirmar que la globalización, así como la creciente ampliación de fronteras de competitividad en un escenario de acelerada incorporación de innovaciones tecnológicas, se acompaña de una notable elevación de potencialidades de la contribución de los jóvenes al desarrollo de sus sociedades. Ciertamente, el principal de estas razones es el papel destacado del conocimiento como motor de las transformaciones y como recurso fundamental de las sociedades para enfrentar los desafíos que ellas les plantean» (celade: 2000:14). A comienzos de la década del noventa ésta fue la afirmación más socorrida para fortalecer una visión optimista de futuro.6

Sin embargo, entrando a la mitad de esta nueva década, los análisis señalan que, pese a los nuevos estilos de desarrollo y la preeminencia de un modelo productivo fundado en la sociedad del conocimiento, las nuevas generaciones jóvenes, supuestamente llamadas a integrarse masivamente en este nuevo escenario, vivencian la situación de desempleo estructural que ha caracterizado la situación en América Latina durante los últimos decenios: «el desempleo juvenil tiene características netamente estructurales, y ha persistido en niveles sumamente elevados en los últimos cuarenta años (al menos), tanto en épocas de crisis como en etapas de crecimiento económico sostenido. Los comportamientos corporativos de empresarios y trabajadores organizados jamás han priorizado la incorporación laboral de jóvenes, y las políticas públicas de empleo han concentrado tradicionalmente sus acciones en el jefe de hogar (adulto, hombre), en el marco de modelos de desarrollo y estructuras familiares que ya no son hegemónicas en nuestras sociedades» (Rodríguez, 2000).
El caso chileno es una buena expresión del cuadro antes reseñado; la tasa de desempleo juvenil ha variado de manera proporcional a la evolución de la tasa general, manteniendo, de manera constante, una brecha en relación a lo observado para el conjunto de la fuerza de trabajo.
Por cierto, en los últimos años es mayor el porcentaje de jóvenes que posterga su incorporación a la fuerza de trabajo debido a su permanencia en el sistema educacional, sin embargo, este hecho no inhibe lo anterior e incluso se agudiza en el caso de los jóvenes más pobres. En efecto, a esta situación constante de altas tasas de desempleo juvenil, es necesario agregar la diferencias significativas si se analiza la situación por grupos socioeconómicos. Este rasgo está íntimamente asociado a la desigual distribución del capital económico y cognitivo de la población, produciéndose una suerte de círculo vicioso que las políticas de Estado y los esfuerzos en el área educacional difícilmente pueden hacer frente.
Como resultado, son los jóvenes más pobres quienes llevan el peso de la situación de desempleo. En el caso chileno, la Encuesta casen 2000 señala que el desempleo juvenil afecta mayoritariamente a los jóvenes del 20% de menores ingresos de la población, con tasas en torno al 44,6% para jóvenes de entre 15 a 19 años y de 38,1% para jóvenes de 20 a 24 años. De igual manera, el desempleo afecta más fuertemente a vendedores de tiendas, trabajadores agropecuarios, obreros y jornaleros y personal de servicio doméstico joven. Los profesionales en este tramo de edad presentan, comparativamente, un bajo desempleo.
La situación laboral de los jóvenes no puede independizarse de la tendencia general al deterioro de la calidad de las ocupaciones y el crecimiento de los empleos de baja productividad. El incremento de la informalidad o el trabajo precario,7 es una señal del aumento de la polaridad social, y los jóvenes, en este sentido, son un sector particularmente sensible a su efecto en todos los ámbitos de la realidad social.
La situación educacional y socioeconómica de origen son los principales factores asociados a la desigual inserción y permanencia en puestos de trabajo. Los jóvenes que no completan más de 8 años de educación se desempeñan, en su mayor parte, en puestos de trabajo precarios, y con ingresos mensuales insuficientes para garantizar el bienestar de su grupo familiar. En el caso de jóvenes con 12 o más años de estudio, los ingresos se elevan por sobre el triple de los anteriores.8
Menos que un mejoramiento de la situación económica y social, en los últimos años se ha vivenciado un ahondamiento de las condiciones de desigualdad y polarización social. El sector juvenil, y muy particularmente los jóvenes de escasos recursos, son quienes han sufrido el mayor impacto de este proceso. La fragmentación del mundo del trabajo, el impacto de la flexibilización y la condición de exclusión parcial o absoluta del empleo formal constituye un cuadro de características estructurales que la expansión del sistema educacional no ha podido revertir.9
En resumen, el período que contempla los últimos años de la década del noventa y el comienzo de un nuevo siglo, entrega señales paradójicas respecto a la situación de la población joven; por una parte, la evolución de las tasas de crecimiento poblacional y los esfuerzos nacionales por incrementar la escolaridad de la población constituyen bases optimistas respecto a la situación general de los jóvenes y su proyección hacia futuro.
Sin embargo, las características de la evolución de la actividad productiva, el comportamiento del empleo en el marco de las transformaciones económicas propias de esta globalización, y la inserción laboral de las nuevas generaciones en esta última década, entrega señales negativas y que se agudizan bajo una mirada del aumento de la brecha social en nuestro país y el resto del continente.

2. Conductas juveniles y sentido de la educación y el trabajo

Estos antecedentes permiten relevar la complejidad del campo en que se desenvuelve laproblemática juvenil. En efecto, puede sostenerse que en la actualidad se verifica un proceso de desarrollo social que presenta características de inclusión/exclusión y que se expresa, con igual nivel de paradoja, en el comportamiento sociocultural de las generaciones más jóvenes.
Desde nuestro punto de vista, las manifestaciones culturales de la juventud, menos que dar cuenta de una ruptura con el sistema vigente, contienen esta contradicción fundamental, ratificada en la incidencia de la escolarización en la historia de vida de la gran mayoría de la población (y muy particularmente de las nuevas generaciones). Un énfasis en esta dirección obliga a una conceptualización menos rígida respecto a la cultura juvenil que la desarrollada en los años precedentes.
En efecto, una de las tesis predominantes durante la década de los ochenta para la caracterización de la realidad juvenil resaltaba el impacto desintegrador del proceso de modernización económica, incidiendo en la emergencia de identidades segmentadas y comportamientos de tipo anómicos.
Bajo esta perspectiva, los estudios de la década del ochenta (donde destacan los trabajos de Martínez y Valenzuela) caracterizan a la juventud, y muy particularmente, la juventud de los estratos socioeconómicos pobres, como un sector sometido a un fuerte proceso de desintegración cultural, verificándose la emergencia de conductas rupturistas y disfuncionales al orden social establecido. La juventud urbana marginal,10 irrumpe como una masa excluida de los mecanismos de movilidad e integración social, y participando de una «anomia subjetiva» que es correspondiente a una percepción colectiva que señala que la sociedad no ofrece alternativa de desarrollo e integración. La violencia o el consumo de drogas de los jóvenes, desde esta perspectiva, es una respuesta propia de una situación de ausencia de reglas y normas socialmente compartidas (Espinoza et al., 2000:14).
Este modelo analítico, ampliamente desarrollado durante las dos décadas pasadas para caracterizar el sujeto juvenil urbano de las grandes ciudades de América Latina, presenta una serie de deficiencias contrastadas con la evidencia empírica.11 En efecto, los estudios sobre el comportamiento cultural de la juventud, han demostrado que actitudes como la apatía, la desvinculación de la política, la conducta violenta o el consumo de drogas, no constituyen rasgos asociados, necesariamente, a la situación de pobreza sostenida, verificándose de hecho conductas heterogéneas en diversos estratos socioeconómicos. De igual modo, el alto índice de retención escolar y la adscripción a un modelo de consumo que expresan los estudios de opinión de jóvenes en los últimos años, cuestionan la centralidad de la tesis anómica.
Como señala Espinoza, en su formulación, el problema de este modelo analítico fue intentar asociar exclusión y anomia; el primer concepto hace referencia al bloqueo de las vías legítimas de movilidad social, lo que no involucra, necesariamente, dejar de compartir orientaciones culturales del modelo de desarrollo predominante; la anomia, por el contrario, involucra la pérdida de sentido de las orientaciones culturales, lo que lleva a una desorganización social radical.
Para este autor, «los jóvenes de los noventa aparecen preocupados de su futuro y actuando consecuentemente para mejorar su posición. En su mayoría, los jóvenes chilenos muestran una alta disposición a la integración social; reconocen claramente que se encuentran en un mundo donde el acceso a oportunidades les demanda esfuerzo. Lejos de desalentarlos su comportamiento revela que legitiman la integración social y valoran la educación formal como el mecanismo a través del cual ésta se alcanza […] Más individualistas que en generaciones anteriores, ponen mayor énfasis en su educación formal porque reconocen en la calificación y el conocimiento la clave para una integración social exitosa…».
La extendida valoración subjetiva de los mecanismos de integración convive con una situación evidente de exclusión social que afecta a una masa importante de jóvenes pobres, pese a ello, «los datos disponibles muestran que muchos jóvenes legitiman la integración a pesar de encontrarse en una situación de exclusión» (Ibídem:16).
Este diagnóstico sobre la subjetividad juvenil difiere de otros análisis existente en el marco de la discusión latinoamericana. Para celade, la creciente incapacidad del mercado laboral por incorporar a los jóvenes con bajas calificaciones, y las dificultades que enfrentan los Estados por reformar la educación y los sistemas de capacitación a un ritmo ajustado a los requerimientos del sistema productivo, implican el ahondamiento de un hueco normativo en nuestras sociedades que hace de los jóvenes de los sectores populares sujetos de marginación.
Aunque se reconoce que los jóvenes tienen una alta participación simbólica en la sociedad que moldea sus aspiraciones, «la combinación de estos elementos contribuye a la formación de subculturas marginales, pandillas y barras, que generan sus propios códigos y están fuertemente expuestas a la incorporación de los hábitos y comportamientos emergentes de las situaciones de marginalidad y exclusión social» (celade, 2000:20). Desde esta perspectiva, los problemas estructurales de segmentación y exclusión tienen un correlato de tipo cultural que agudiza la diferenciación y consolida un cuadro de anomia estructural.
En esta argumentación el modelo conceptual de tribus juveniles urbanas, emerge como la figura analítica más socorrida; pese a ello, no parece existir un consenso entre quienes trabajan este concepto en la realidad latinoamericana acerca del grado de autonomización, aislamiento y ruptura con los mecanismos sociales de integración (la familia, la escuela, el trabajo) de estas particularidades formas de agrupación.12
Desde nuestro punto de vista, esta distinción conceptual puede ser relevante en el análisis de las transformaciones que viven las generaciones jóvenes y que se caracteriza por las paradojas antes reseñadas, sin embargo, la expresión cultural de esta realidad parece más lejana de la figura de comportamiento anómico aquí revisado.
La tendencia de la orientación cultural de los sujetos parece ser mayormente orientada en una lógica que expresa las contradicciones anotadas que a una ruptura y pérdida de sentidos sociales generales.13 La rigurosidad conceptual obliga, bajo este punto de vista, a concebir la realidad juvenil y muy particularmente la de la mayoría de los jóvenes pobres, como una situación propiamente de exclusión social.
En efecto, el concepto de exclusión social refiere tanto a una dimensión material como también a situaciones de precaria inserción institucional y cultural al interior de una sociedad. En su tratamiento reciente, el concepto da cuenta de un «adentro/afuera, que es materia de definición y que no debe ser entendido como no pertenencia social, sino como una falta de acceso a las oportunidades y beneficios que genera el sistema.14 De este modo, esta falta de acceso a las oportunidades y beneficios que genera el sistema no depende solamente de la voluntad o intereses de las personas, sino también de las formas institucionales y de la dinámica de transformación del propio sistema social» (Wormald y Ruiz-Tagle, 1999:75).
Este enfoque, creemos, introduce una dimensión fundamental para la distinción analítica en el tratamiento de la realidad juvenil en la actualidad. Culturalmente —la influencia del sistema educacional es, en este sentido, innegable—,15 los jóvenes expresan un sentido de integración y reconocimiento de mecanismos de participación social. Sin embargo, de igual manera, su identidad está cruzada por el reconocimiento de los procesos de diferenciación y exclusión social, con una fuerte marca de las condiciones y posibilidades que ofrece la certificación educacional en el mercado laboral.
En síntesis, en una etapa de profundas transformaciones económicas y sociales y bajo un marco de nuevas coordenadas culturales —énfasis en la individualización y desafiliación de instancias intermedias— los jóvenes pobres deben hacer frente el desafío permanente de construir sentidos y elaborar proyectos personales (aunque sean de corto plazo).
Con un acceso a la educación secundaria y niveles de escolarización muy superiores a las de sus padres, paradojalmente, enfrentan mayores dificultades de integración laboral que las generaciones precedentes. Insertos y excluidos a la vez (expresión que da cuenta de la historia personal de educación y trabajo), menos que desarrollar conductas anómicas y generar subculturas segmentadas, en sus prácticas reflejan el sello de la fragilidad de nuestra sociedad y las sombras que evoca la palabra futuro.
Los aspectos aquí reseñados, creemos, delimitan el contexto de desarrollo de la experiencia de vida de los jóvenes adulto sociales insertos en el sistema de educación de adultos. Cerradas las puertas inmediatas para una aventura laboral, conscientes de las consecuencias de quedar pateando piedras (como ya lo han experimentado), el volver a intentarlo significa un esfuerzo personal por construir un proyecto de vida en el marco de la precariedad. Independientemente de su destino final, el reconocimiento de este esfuerzo merece, a lo menos, su consideración analítica.
En lo que resta, se intentará presentar algunos aspectos relevantes del perfil y orientación de estos jóvenes, recogido en el marco del estudio empírico.
III. Presentación de los principales resultados
El estudio contempló dos fases complementarias de indagación empírica. En una primera etapa se aplicó un instrumento estructurado a una muestra representativa de jóvenes menores de 24 años cursando su enseñanza secundaria en un Centro de Educación de Adultos. La encuesta fue aplicada a una muestra de 381 estudiantes de 18 Centros Integrados de Educación de Adultos de la Región Metropolitana. Junto a esto, se realizaron 10 entrevistas semi-estructuradas a jóvenes que se encuentran cursando su enseñanza media en algunos de estos Centros, intentando profundizar en algunos tópicos relevantes destacados de la encuesta.
Para fines del presente artículo, la información se resumirá en cuatro temas fundamentales; i) perfil general de los jóvenes participantes; ii) educación y trabajo: una nueva extensión de lamoratoria; iii) proyecto educativo como desajuste de las expectativas inmediatas y futuras, y iv) modelo de acción meritocrático presente en el discurso de los jóvenes. El artículo finalizará con algunas observaciones generales que sirvan de conclusión sobre la realidad de estos jóvenes, y recomendaciones para el sistema educacional a nivel de adultos de acuerdo a los principales hallazgos contenidos en el estudio.

1. ¿Quiénes son los jóvenes adulto sociales?
Como se ha indicado, el perfil del joven estudiante del sistema de educación de adultos ha sido conceptualizado por las autoridades educativas como joven adulto social. Con esto se hace referencia a una etapa indefinida de estudiante secundario que, sin embargo, se combina permanentemente o en períodos específicos, con actividades laborales y otras responsabilidades familiares y sociales. Se trata, en la mayoría de los casos, de jóvenes en situación de pobreza o deescasos recursos y que presentan rasgos socioculturales propios de la situación de vulnerabilidad social.
En sentido estricto, son jóvenes que vivencian un proceso de redefinición de su propia identidad. La gran mayoría abandonó o fue expulsado del sistema educacional tradicional, y ha permanecido en promedio un período fuera del liceo que se extiende entre 1 y 3 años. Esta situación significa un quiebre con el modelo normativo escolar y, en un sentido profundo, significa un actitud de negación de la identidad estudiantil. Sin embargo, en ese lapso no existen espacios o actividades que reemplacen la totalización simbólica propia del sistema educacional; a diferencia de otras generaciones, el trabajo ya no constituye una alternativa de esa magnitud.
Ante la dificultad de elaborar un proyecto con un mínimo de consistencia y reconociendo las dificultades de integración social a partir de su actual situación, la finalización de la secundaria emerge como una de las pocas alternativas viables y con canales institucionales visibles para estos jóvenes. El retorno a los estudios implica una reelaboración de la condición de estudiantes, incidiendo en la relación que establecen con su entorno, la reorganización de las rutinas y la redefinición del campo de sus obligaciones.
Los testimonios de los jóvenes son elocuentes en resaltar que el volver a cursar la enseñanza media es posible porque en este tipo de centros es donde encuentran un sistema distinto, menos regulado,16 y por tanto, favorable a su acogida.
Volver a intentarlo, también implica un pacto con su entorno familiar más inmediato; como se verá, la gran mayoría de los jóvenes no se dedica a otra actividad durante este período y su sustento depende del conjunto o algún miembro de su grupo familiar cercano.
¿Cuáles son las principales características de los jóvenes? En nuestro estudio, la muestra arrojó un promedio de edad de 19 años, con una alta concentración de jóvenes cuya edad se sitúa entre los 17 y 19 años (el 59.5% del total). Un tercio de los estudiantes supera los 20 años y en este grupo se concentra un porcentaje importante de mujeres.
En relación al estado civil, existe una preeminencia de solteros, representando el 83% del total de la muestra. Un análisis por sexo arroja una mayor recurrencia de casados/convivientes entre las mujeres, representando el 22% de este segmento. En el caso de los hombres, el porcentaje de solteros se eleva al 92.3% de la muestra. Del total de jóvenes, un 28% reconoce ser padre o madre, con un alta recurrencia en el caso de las mujeres: el 42,5% de las encuestadas señala tener a lo menos un hijo, frente al 12,2% de los estudiantes hombres. La gran mayoría de los jóvenes señala vivir con sus padres o con uno de ellos (cerca del 75% del total). Solamente en el grupo de las mujeres destaca un 17% que en la actualidad vive con su pareja.
El ingreso al sistema de educación de adultos de los menores de 24 años responde a algún tipo de problema que dificulta la continuidad de estudios en establecimientos de educación tradicional. La situación de embarazo temprano parece tener incidencia significativa entre las mujeres; entre los hombres, los problemas conductuales, de rendimiento en la experiencia escolar anterior, o la necesidad de trabajar, ha incidido en una trayectoria irregular, y el abandono del liceo por un tiempo indefinido.
Dentro de los datos disponibles en la encuesta, puede señalarse que la mayoría de los jóvenes se incorporó recientemente al establecimiento educacional de adultos: cerca de un 40% del total de los encuestados asiste a clases en el Centro desde hace un año y un 47% se incorporó al mismo en el presente año escolar. Solamente un 13% del total de encuestados reconoce permanecer hace dos años o más en el mismo establecimiento. Como se ha indicado, en términos generales la principal causa de abandono del liceo es el fracaso escolar, sin embargo, este hecho está asociado a un conjunto de variables íntimamente relacionadas y que dicen relación con una frágil base de apoyo social para estos jóvenes. La perspectiva de egreso definitivo en el sistema de educación de adultos es también incierta: cerca de un 30% de los estudiantes abandonan anualmente sus estudios en esta modalidad.
La información proporcionada sobre convivencia familiar, indica un alto porcentaje de jóvenes que vive con uno o ambos padres; resulta significativa la valoración que perciben de su entorno cercano a sus actividades educativas; cerca de tres cuartos de los consultados señala que en casa reciben apoyo o mucho apoyo a su situación actual de estudiantes. No se observa, desde ese punto de vista, un cuadro de crisis o abandono familiar a partir de las respuestas recogidas en la indagación.
Sin embargo, esta constatación puede ser relativizada a partir de la profundización de la experiencia familiar de los sujetos. Menos que la reproducción de un modelo familiar tradicional, en la historia de vida de los jóvenes existe una gran heterogeneidad de experiencias. Recurrentemente, muchos de los entrevistados remiten a algún referente cercano como su apoyo personal por sobre el grupo familiar; éstos pueden ser muy disímiles (abuelos, tíos, etc.) pero que, de igual manera, sirven de soporte a su actual situación de estudiantes y representan un marco de referencia afectivo que incide en una cierta estabilidad personal, independiente de su edad actual, trayectoria y opciones de vida.
Finalmente, la situación socioeconómica de los jóvenes presenta altos niveles de homogeneidad; cerca del 60% se encuentra bajo la línea de pobreza y la gran mayoría manifiesta que sus familias tienen dificultades económicas importantes. Pese a este cuadro general de carencias, el grueso de los jóvenes dedica su tiempo básicamente a asistir al centro de estudios y depende económicamente de su familia; el 60% de los encuestados señala no trabajar en la actualidad. El siguiente cuadro resume las principales características aquí reseñadas.
Cuadro 1
Perfil joven adulto social
Edad
Jóvenes de ambos sexos, promedio de edad 19 años; 20% de los hombres y 31% de las mujeres por sobre los 20 años.
Experiencia escolar
Desertores del sistema escolar tradicional entre 1 y 3 años, en la actualidad cursando diversas modalidades de formación ofrecidas en centros de educación de adultos.
Causa de la
deserción escolar
Rendimiento escolar, problemas conductuales, embarazo o problemas económicos.
Estado civil
y situación actual
Alto porcentaje de solteros, viviendo en casa de sus padres o de uno de ellos; 28% reconoce tener hijos; mayor incidencia en el caso de mujeres (42,5%).
Percepción de apoyo
Percepción favorable de apoyo familiar a su actividad, aunque en muchos casos, referido a un miembro de la familia extensa. Dependencia económica de un integrante o del conjunto de su entorno familiar inmediato.
Situación
socioeconómica
Gran homogeneidad socioeconómica; 60% de los jóvenes bajo línea de pobreza.
Elementos
de identidad
Rechazo a modelo tradicional de estudiante y valoración de sistema de educación de adultos en función a flexibilización normativa.
 2.    Trabajo y estudio: una nueva moratoria
La gran mayoría de los jóvenes ha tenido algún tipo de experiencia laboral. En el estudio, solamente un 19% de los entrevistados señala no haber trabajado anteriormente. Ante diferentes alternativas, existe un grupo que manifiesta haberlo hecho en períodos acotados, por lo general, en vacaciones, mientras que alrededor de un 40% manifiesta haberlo hecho mientras estudiaba o en el período en que había abandonado los estudios formales.

En el momento de la investigación, un tercio de los entrevistados señala que combina su experiencia educativa con alguna actividad laboral; aunque el grueso de estos jóvenes lo hace en actividades esporádicas, por lo general de carácter independiente y destinando una cantidad de horas reducidas a esta actividad.
Tanto en el período en que no asistieron regularmente a clases como en el actual momento como estudiantes de la educación de adultos, estos jóvenes tienen una experiencia fragmentaria con el mundo del trabajo. La gran mayoría de ellos sólo ha trabajo en períodos cortos de tiempo, en actividades de muy baja calificación (actividades de servicio o trabajo por cuenta propia) y percibiendo salarios reducidos. Del conjunto de los jóvenes que manifiesta haber tenido una experiencia laboral, la mitad lo ha hecho como trabajador por cuenta propia o desempeñando alguna tarea de servicios en el comercio.
Lo anterior no inhibe una actitud positiva hacia el trabajo y una predisposición favorable a la integración laboral, independientemente de las condiciones materiales y salariales; los jóvenes entrevistados manifiestan una actitud abierta hacia las posibilidades de trabajo realmente existentes y reconocen que en sus actuales condiciones, la experiencia laboral puede ser útil como forma de aprendizaje, desarrollo personal y resolución de necesidades básicas.
Pese a esto, como se ha indicado, dos tercios de los jóvenes entrevistados manifiesta no trabajar en la actualidad. ¿A qué se debe esta situación?
La valoración general de la experiencia laboral y la disposición a integrarse al mundo del trabajo sólo se ve amagada, en el discurso de los jóvenes, por el peso que ellos le asignan a la experiencia educativa y el rol fundamental que tienen los estudios para acceder a un puesto de trabajo y lograr ser alguien en la vida. El 70% de los entrevistados señala que es necesario tener la licencia secundaria para poder acceder a un puesto de trabajo mayormente estable y más del 60% reconoce que sólo los estudios post-secundarios aseguran una buena inserción laboral.
Desde nuestro punto de vista, en un sentido opuesto a la tendencia que caracterizó el sistema de educación de adultos hasta hace pocos años, estos jóvenes reactualizan un modelo de moratoria propia del sistema de educación tradicional debido a que el mundo del trabajo está significativamente cerrado para ellos. En sentido estricto, su nuevo pacto educativo (con su familia y ellos mismos) implica la postergación del ingreso a un mundo laboral que sólo le ofrece integración precaria, y la dedicación por tiempo completo a sus estudios. Aunque las exigencias académicas y horarias son menores al sistema tradicional, en el discurso de los jóvenes prevalece el modelo de moratoria y, como se verá, la definición de expectativas a futuro fundada en el modelo de carrera educacional.

3.    Proyecto educativo como desajuste de expectativas
El grueso de los jóvenes manifiesta interés por continuar sus estudios una vez obtenida la licencia media en el centro de educación de adultos. Entre las distintas posibilidades, la mayoría prioriza alguna carrera universitaria, aunque la formación técnica intermedia también es una opción para un segmento relevante de ellos (el 47,5% de los jóvenes encuestados señala que le gustaría estudiar una carrera universitaria, mientras que el 37,5% se inclina por una carrera técnico profesional). Pese a lo anterior, esta intención se presenta de un modo general sin que exista, necesariamente, un proyecto predefinido, un área de interés o un conocimiento cabal de las características, condiciones y obligaciones que implica tal hecho.
Interrogados sobre opciones específicas de interés, por lo general las referencias son a profesiones tradicionales o ámbitos muy generales, sin que exista claridad sobre oferta educativa o campo laboral específico.
En otro sentido, existe un bajo interés entre los jóvenes por aprender un oficio en un curso de corta duración, similar al modelo predominante de formación para el trabajo que ha caracterizado los programas gubernamentales en los últimos años,17 y que justamente, identifica como población objetivo a jóvenes con un perfil socioeconómico como el de estos estudiantes.
Desde nuestro punto de vista, el sistema escolarizante tradicional con muy débiles capacidades de diversificación, incide de manera importante en esta orientación subjetiva. En efecto, en el sistema de educación de adultos las propuestas curriculares, modalidad de enseñanza y estrategia de evaluación no difieren significativamente del modelo predominante en la educación chilena, extremadamente rígido en relación a perfilar una estrategia orientada hacia estudios post-secundarios de tipo universitario. De hecho, la gran mayoría de los establecimientos de educación de adultos en nuestro país que imparten enseñanza media, se acogen a modalidades curriculares de educación científico humanista, mayormente distante de la inserción temprana en el mundo del trabajo y con un énfasis en la formación académica tradicional.18
La ausencia de una propuesta formativa que ayude a perfilar un ámbito o área de interés de desarrollo profesional inmediato incrementa la moratoria y, a manera de círculo vicioso, constituye al centro de educación de adultos en un espacio de refugio para muchos de estos jóvenes. Lo anterior, por cierto, puede ser favorable como mecanismo de generación de lazos de sociabilidad y confianza, pero, al mismo tiempo, creemos, genera un efecto de desajuste de expectativas con consecuencias negativas una vez cumplido el objetivo de la certificación secundaria. En este sentido, no debería ser sorprendente que un joven egresado de la enseñanza media de este sistema (con más de 21 años cumplidos) se pregunte y ahora, ¿qué hacer?
4. Preeminencia de un modelo meritocrático
Muy vinculado a lo anterior, en nuestro estudio se intentó indagar acerca de las orientaciones de acción que los jóvenes privilegian en diversos ámbitos o situaciones.
En términos generales, independientemente de un ejercicio de evaluación de la rentabilidad de la licencia secundaria, los jóvenes apuestan (con mayor o menor nivel de objetividad) a la acumulación de capital cultural para hacer frente de mejor manera y con mayores recursos, el mundo del trabajo. Pero este reconocimiento del valor de los estudios, como hemos visto, constituye una afirmación muchas veces formal, no necesariamente traducible en acción concreta una vez egresados del establecimiento en que actualmente se encuentran. Es por esto que junto al discurso de valor educacional, se releva de manera muy particular el principio de esfuerzo y espíritu de superación entendido como una cuestión actitudinal frente a los desafíos cotidianos.
Por cierto, lograr finalizar los estudios es parte de esta entrega y dedicación, pero además, el esfuerzo personal es un mecanismo que, aunque no se logren las metas de estudio, también puede llevar a triunfar en la vida. El 80% de los encuestados estuvo de acuerdo o muy de acuerdo con la afirmación «si pones empeño en tu trabajo, aunque no estudies después de cuarto medio, igual puedes surgir».
La orientación meritocrática está presente de manera consistente en el discurso de estos jóvenes, constituyendo, a no dudarlo, su principal capital. Por ejemplo, consultados ante la eventualidad de búsqueda de trabajo, un porcentaje importante se inclina por recurrir a mecanismos formales tradicionales (búsqueda de aviso en el diario, 41,5%) por sobre los mecanismos informales de redes de intermediación (conocido como pituto, 24,1%). Este último aspecto, recurrir a terceros obviando mecanismos formales y estandarizados de acceso a puestos de trabajo es, por lo general, mucho más destacado en mediciones de la orientación laboral de otros actores. Una hipótesis posible frente a esta situación radicaría en una escasa densidad de redes sociales de los jóvenes, aspectos que los llevaría a desconocer la importancia de los mecanismos informales.
Sin embargo esta hipótesis parece poco plausible, más aún si la orientación general hacia el mundo del trabajo y sus mecanismos de integración encuentra en el discurso de los jóvenes una aceptación acrítica.19 En diversos contextos situacionales los jóvenes parecen reconocer las reglas del juego y fundar sus posibilidades a partir de los recursos que tienen al alcance. Como hemos insistido, tal actitud dista bastante de convertirse en una conducta extra sistémica, acercándose más bien a un modelo propiamente de reproducción social.
El peso desmedido de la argumentación meritocrática puede ejemplificarse con los aspectos privilegiados por los jóvenes cuando se les consulta acerca de las variables que identifican un buen rendimiento en el lugar de trabajo. Al solicitárseles que señalaran los tres conceptos más relevantes que prioriza un empleador al contratar a una persona, los encuestados se inclinan, fundamentalmente, por aspectos actitudinales tales como la responsabilidad, la puntualidad y la honradez.
Esta opción advierte sobre el marcado peso de estos aspectos en la organización del proyecto de mediano plazo de los jóvenes, y la minimización de otras dimensiones tan importantes como son las habilidades específicas y los conocimientos generales.
En efecto, dentro de un conjunto de conceptos propuestos para su identificación, aquellos que refieren a competencias generales de base (cuestión que ha sido destacado en los discursos educativos de los últimos años), logran un bajo o nulo reconocimiento entre los jóvenes consultados. Es el caso de las competencias de pensamiento lógico (saber matemáticas) y comunicacionales (saber leer y escribir, hablar bien). También logra un muy bajo reconocimiento la capacidad de análisis, la creatividad y el uso y manejo de tecnología comunicacional.
Este último aspecto es la cara crítica de la actitud integrativa de los jóvenes; al relevar exclusivamente un campo de las capacidades necesarias para integrarse adecuadamente al mundo del trabajo (lo actitudinal), sus posibilidades pueden verse fuertemente restringidas, frustrando, en el corto plazo los sueños y expectativas que sostiene su permanencia en el sistema educacional y el conjunto de valores ya destacados.
El siguiente cuadro sintetiza las opciones marcadas por los jóvenes encuestados.


Cuadro 2
Principales aspectos que destacaría un empleador para contratar a una persona
Responsabilidad
74%
Puntualidad
39.9%
Ser
organizado
9.4%
Buena presencia
31%
Resolución
de problemas
2.1%
Saber trabajar
en grupo
8.7%
Capacidad
de análisis
3.7%
Hablar bien
9.2%
Creatividad
5.5%
Saber matemáticas
0.8%
Saber tomar decisiones
7.6%
Saber usar
tecnología como
computador
10.5%
Espíritu
de superación
13.4%
Honradez
20.2%
Saber leer
y escribir
10.5%
Entender cómo
funciona una empresa
9.4%
Manejo
de grupo
0.3%
Autocontrol
3.7%
Este cuadro general de priorizaciones no resulta demasiado distante de lo observado en los jóvenes estudiantes de la enseñanza media en el sistema formal. Como puede verse en el siguiente cuadro comparativo, los aspectos priorizados por los estudiantes del sistema de educación de adultos no se diferencian mayormente de lo que relevan jóvenes que estudian en establecimientos municipales, particular subvencionados o corporaciones, tanto a nivel científico humanista como técnico profesional.
La gran diferencia (la brecha) aparece en el caso de los estudiantes de establecimientos particulares pagados los que, pese a destacar también la dimensión actitudinal como prioritaria, equilibran sus opciones con conocimientos (saber leer y escribir, saber matemáticas) y habilidades (saber tomar decisiones). Paradojalmente, son estos jóvenes los que mayoritariamente postergarán su entrada al mundo del trabajo y quienes estudiarán en la educación superior.20

Tipo de Establecimiento

Municipal
Particular
subvencionado
Particular
Corporación
Centro educación adultos
Responsabilidad
Responsabilidad
Responsabilidad
Responsabilidad
Responsabilidad
Buena
presencia
Buena
presencia
Buena
presencia
Buena
presencia
Puntualidad
Puntualidad
Puntualidad
Honradez
Honradez
Buena
presencia
Honradez
Honradez
Saber leer y escribir
Puntualidad
Honradez
Espíritu de superación
Espíritu de superación
Saber tomar decisiones
Espíritu de superación
Espíritu de superación
Sin ánimos de mayor desarrollo, podría decirse que este ámbito temático constituye un indicador que remite a la gran diferenciación en el sistema educacional chileno, reflejando, sin duda, la honda diferenciación en la calidad, aspiración y posibilidad de desarrollo futuro de los jóvenes participantes en cada uno de los niveles y, por cierto, muy particularmente los jóvenes adulto sociales.
Proyectándose en el futuro, estos jóvenes apuestan por una situación personal mejor y como se ha insistido en estas páginas, la base de este sueño lo constituye la educación recibida y el propio esfuerzo personal por lograrlo (casi el 90% de los encuestados cree que en el futuro le irá mejor que en la actualidad).
En los márgenes de la exclusión social y con una muy baja prospectiva de éxito futuro, discursivamente estos jóvenes recurren a los argumentos más tradicionales de la sociedad integradora; en su discurso existe una escasa consideración de apoyo en redes sociales horizontales o verticales (lo que refuerza la percepción de extremada precariedad) y no se reconocen mínimos trazados una vez cumplida la meta de lograr la certificación de enseñanza media.
Con todo, el solo hecho de estar ahí y la decisión de un nuevo intento de estos jóvenes por surgir en el marco de la educación de adultos, es una señal poderosísima de las características y desafíos de la sociedad chilena actual que, visiblemente fragmentada, sin embargo logra sostener bases de integración ineludibles. De esa dimensión es el desafío educacional en el futuro inmediato.

IV.  Conclusiones

Sin ánimos de reiterar las afirmaciones sostenidas en las páginas precedentes, es posible sostener que los principales aspectos relevados en este artículo remiten a los siguientes aspectos.
i) Emergencia del joven adulto social. Como se ha indicado, la figura de jóvenes adulto sociales, esto es, jóvenes que habiendo abandonado la enseñanza secundaria, retornan a completar su licencia en el contexto del sistema de la educación de adultos, constituye una realidad relativamente nueva en nuestra sociedad y responde a varios factores asociados a la transformación del mundo del trabajo y las exigencias de escolarización. En este plano, lo más relevante tiene que ver con la restricción del mercado laboral para las generaciones jóvenes y la exigencia creciente de certificación secundaria (como exigencia mínima) en la mayoría de los trabajos, independientemente del nivel de competencias requeridas.
Los jóvenes objeto de esta investigación, comparten una racionalidad social fuertemente instalada: la licencia secundaria se constituye en un factor fundamental de integración. Por cierto, tener estudios secundarios completos no asegura, ni con mucho, el acceso a un empleo —sin hacer, siquiera, la distinción entre empleo decente o no— pero no poseer estudios secundarios completos significa cercenar significativamente las posibilidades de acceso al trabajo.
Como se ha señalado, esta constatación es ampliamente compartida y constituye el sentido fundamental de acción de los jóvenes en todo nivel. En rigor, esta práctica constituye un indicador de la perspectiva de integración presente en la práctica juvenil y los esfuerzos significativos por salir adelante que esta orientación contiene.
ii) Estructura familiar, afecto y presencia de adultos cercanos. Pese a que muchos de ellos han tenido un período prolongado fuera del sistema escolar, y una experiencia relativa en el mundo del trabajo, la mayoría de los jóvenes descansan en el sustento que reciben de su entorno familiar cercano. Un grueso de ellos reconoce apoyo a su tarea de estudiante tanto en el plano afectivo, como en el plano material.
Este cuadro general, con todo, debería ser matizado en función de los resultados obtenidos en la indagación cualitativa. Como se señaló, el entorno familiar de los jóvenes presenta rasgos de fragmentación y carencias marcadas en el plano afectivo. La incidencia de la ruptura familiar parece importante, y es sustituida (no siempre de manera adecuada) por la existencia de apoyos de otros familiares (en general, abuelos y tíos).
El espacio educativo es valorado en este contexto de déficit afectivo, y muchos de los estudiantes reconoce la acogida que encuentran entre compañeros y profesores, independientemente de los aspectos propiamente formativos.
iii) Trayectoria laboral marginal y débil inserción en el mercado de trabajo. De la indagación realizada, destaca el hecho que la mayoría de los jóvenes estudiantes han tenido experiencia en algún empleo. Sin embargo, como se señaló, ésta es mayoritariamente marginal y se concentra en oficios de baja calificación, escaso salario y corta duración. La mayoría de los jóvenes participantes no reconocen aprendizajes significativos de esta experiencia siendo limitado, por lo mismo, el desarrollo de una cultura laboral propiamente tal.
La fragilidad de la experiencia laboral redunda en una decisión significativa: no volver al trabajo hasta concluir la enseñanza secundaria. En la mayoría de los discursos, esta decisión se asocia a la expectativa de un mejor trabajo futuro, aunque éste resulte de difícil objetivación.
iv) Precariedad de redes sociales. En términos generales los jóvenes carecen de redes sociales significativas que ayuden a la búsqueda de trabajo presente o futura. De hecho, un porcentaje mayoritario de los jóvenes estudiados señala que privilegiarían mecanismos formales de búsqueda de empleo, por sobre la recurrencia a contactos u otros medios informales de acceso. Como se indicó, esta perspectiva contrasta significativamente con los resultados obtenidos en otros estudios dirigidos a jóvenes.
Los jóvenes dependen en buena medida de su entorno familiar, pero éste presenta rasgos de precariedad bastante homogéneos, no siendo una alternativa adecuada para resolver problemas como el de alcanzar un puesto de trabajo.
v) Preeminencia de modelo meritocrático para el alcance de logros. Muy vinculado a lo anterior, los jóvenes rescatan —por lo menos discursivamente— el valor del esfuerzo individual y el mérito en las actividades realizadas como el mecanismo básico para surgir y salir adelante. En la gran mayoría de los casos, la valoración del esfuerzo individual (que, como vimos, resulta funcional al modelo cultural predominante) lleva a formular un imagen de futuro optimista, de superación de sus padres o adultos cercanos y de realización de expectativas de felicidad. Pese a lo anterior, esta formulación remite mayormente al ámbito de la convivencia y las relaciones sociales y pierde fuerza respecto a la configuración de un proyecto laboral sistemático.21
vi) Expectativas formativas post-secundarias. La mayoría de los entrevistados manifiesta el deseo o la expectativa de continuar estudiando una vez egresados de la enseñanza secundaria, cursando, en lo posible, una carrera universitaria. En la mayoría de los casos, esta manifestación de interés no encuentra un conducto con visos de viabilidad, elaborándose expectativas desmedidas o precariamente fundadas. Como se intentó argumentar, detrás de esta disociaciónpuede existir un implícito reconocimiento de irrealización, produciéndose, más bien, la reproducción mecánica de un discurso modelístico.
Lo anterior estaría asociado a la debilidad para elaborar alternativas de salida del sistema (donde la formación ofrecida también presentaría altos niveles de restricción), generándose una suerte de gran vacío (nuevamente) al término de la licencia secundaria.
vii) Valoración de espacio educacional alternativo pero bajo reconocimiento de recursos necesarios para hacer frente desafíos futuro inmediato. Como se indicó, la gran mayoría de los jóvenes participan de un modelo de extensión de la moratoria debido a las precarias condiciones de integración al mundo del trabajo. En este plano, los jóvenes valoran y reconocen la importancia de este sistema de enseñanza, reconociendo que no sería posible re-integrarse en el modelo tradicional más exigente y mayormente reglamentado.
Sin embargo, los antecedentes indican que el nivel de adquisición de conocimientos y habilidades en general es bajo, representando un aporte marginal una vez egresados y obtenida su licencia secundaria (de hecho, un grupo no menor reconoce que están ahí básicamente por el objetivo pragmático de este esfuerzo).
Muy ligado al énfasis meritocrático de su discurso, los jóvenes resaltan los valores actitudinales para el éxito en el mundo del trabajo en el futuro inmediato (honradez, puntualidad, responsabilidad). Esta perspectiva minimiza aquellos aspectos propios de la sociedad delconocimiento. En este sentido, el capital humano relevado presenta un fuerte desnivel, aspecto que, sin duda implica una desventaja en el mercado laboral.
En síntesis, en este estudio hemos intentado demostrar que la experiencia y el discurso de los jóvenes parece expresar, vívidamente, el complejo proceso de inclusión/exclusión que caracteriza buena parte de nuestra vida social.
Reducidos los mecanismos formales de integración laboral y relegados a alternativas de bajo retorno en el desarrollo de su escolarización, estos jóvenes reelaboran proyectos personales y se esfuerzan por surgir en condiciones de gran precariedad. Su recurso principal radica, básicamente, en el esfuerzo individual al carecer de redes mínimas de apoyo.
Sus sueños son, muchas veces, la escenificación de un modelo predominante en la sociedad, pero de la que ellos no forman parte o tienen escasas posibilidades de acceso. Como contrapartida, no parecen existir mecanismos o instancias institucionales reconocidas que sirvan como vehículo de canalización de este esfuerzo personal.
Una mayor preocupación por este desajuste o disociación cultural permitiría un mejor aprovechamiento de las energías involucradas en esta tarea cotidiana, proyectando, al mismo tiempo, un escenario social más optimista que el que se perfila a la luz de la experiencia de estos jóvenes y las actuales respuestas que encuentran en la sociedad.
Desde este punto de vista, el sistema de educación de adultos contiene el desafío no sólo de acoger a jóvenes que buscan una nueva oportunidad de completar su enseñanza secundaria, sino que favorecer estrategias funcionales a la formación profesional temprana, la diversificación de ofertas educativas, desbloqueando el modelo pro-universitario que caracteriza el conjunto del sistema educacional chileno, y equilibrando los criterios de desarrollo personal, fortaleciendo objetivos y metodologías que permitan la competencia de los sujetos en escenarios fuertemente segmentados.
La decisión de estos jóvenes de volver a intentarlo, merece un esfuerzo institucional de esa magnitud.


Santiago (Chile), noviembre 2004

NOTAS
1 Ministerio de Educación, Coordinación Nacional de Educación de Adultos: «Orientaciones 2001 para la educación de personas jóvenes y adultas». Santiago.

2 Por cierto, este hecho ha sido advertido por las autoridades educacionales en Chile. Durante la década del noventa se creó la figura de los Centros de Educación Integrada de Adultos para adecuar la oferta formativa a la nueva demanda, y en la actualidad, el Programa Chile Califica representa un esfuerzo destinado a coordinar esfuerzos educativos con una mayor vinculación al mundo del trabajo.

3 En su fase empírica, el estudio consistió en la aplicación de una entrevista estructurada a una muestra de 381 estudiantes provenientes de 18 establecimientos educacionales de adultos en la Región Metropolitana que imparten alguna modalidad de la enseñanza media (científico humanista 2 en 1, científico humanista adultos y técnico profesional adultos). El 47,5% de los encuestados son hombres y el 52,5% mujeres, con un promedio de edad de 19 años. Junto a esto, se realizaron 10 entrevistas en profundidad a jóvenes que estuviesen cursando algún nivel de formación secundaria a nivel de adultos, con el objetivo de profundizar en el perfil general de los jóvenes, sus antecedentes familiares, existencia y nivel de densidad de las redes de apoyo social, trayectoria educacional, experiencia laboral, representación del mundo del trabajo, así como expectativas y proyecto educativo laboral en el futuro inmediato.

4 Balandier destaca la importancia de asumir «la vida al interior de las sociedades, la que se descubre debajo de las apariencias institucionales, de sus formas y fórmulas oficiales» (Balandier, 1975:245).

5 Sin embargo, independientemente de los esfuerzos institucionales realizados, de los logros alcanzados y, muy particularmente, del grado de consolidación de un sentido común acerca de la importancia de contar con la escolaridad completa para hacer frente a los desafíos de la integración, el sistema educacional chileno también refleja, de un modo pertinaz, las hondas diferencias sociales y que inciden negativamente en los sectores más pobres. En efecto, hacia el año 2000 más del 75% de los jóvenes que desertan del sistema educacional en Chile corresponden a los dos deciles de menores ingresos. En los establecimientos educacionales municipalizados, el tiempo de egreso promedio alcanza casi a los 6 años, frente a los 4,4 de los establecimientos particular pagado, y el porcentaje de egreso entre ambos tipos de establecimientos presenta una diferencia cercana a los 30 puntos porcentuales. De este modo, si a fines de la década del noventa un tercio de los alumnos de la enseñanza secundaria no culminaba su trayectoria de formación, el grueso de ellos correspondía a jóvenes de estratos socioeconómicos pobres.

6 Véase, por ejemplo, cepal: Transformación productiva con equidad, Santiago, 1990.

7 Entre 1990 y 1996 el empleo desprotegido en Chile había aumentado de un 17% al 22.3%. Véase Rodrik, 2001.

8 Los esfuerzos destinados a incrementar los años de escolaridad de la población joven se ven limitados por el proceso de devaluación de la educación, tal como se destaca en los análisis de cepal: «conjuntamente con el aumento de la cobertura y del nivel educacional promedio en la sociedad, se produce una devaluación de la educación por cuanto se necesitan más años de estudio para lograra una misma inserción ocupacional y un ingreso equivalente. Por ello, existe superación educativa intergeneracional si la educación alcanzada por los jóvenes en la generación presente es mayor que la de sus padres, descontando dicha devaluación. Pero cuanto menor es la educación de los padres, mayor es el número de años adicionales en educación que requieren los hijos para lograr ingresos más elevados que sus progenitores […] Las condiciones intergeneracionales que configuran este cuadro de limitaciones al bienestar, quedan de manifiesto cuando se comprueba que, junto a la notable ampliación de la cobertura de la educación, persiste una escasa proporción de jóvenes que superan el nivel educacional de sus padres, considerada la devaluación» (cepal, 2000:104).

9 Como podrá verse, la mayoría de los jóvenes objeto de nuestro interés intenta finalizar la enseñanza media porque, en rigor, no tienen mayores alternativas al ser marginados del mercado laboral.

10 Algunos autores utilizaron el concepto de sub-proletarización para dar cuenta de esta realidad; véase Weinstein, 1988.

11 Sin ánimos de mayor desarrollo, una de las dificultades tiene que ver con la confluencia analítica del contexto social y político —ausencia de democracia, regímenes autoritarios—, y la revisión de la acción de un actor y sus procesos de identidad. La tesis de Valenzuela, de hecho, radica en la necesidad de recomponer el orden social caracterizado por la «anomia objetiva» para un necesario reencauzamiento de la acción de los sujetos. Véase Valenzuela, 1984.

12 Una lectura que relativiza el impacto estructural de la figura de las tribus lo entrega Silva: «las tribus, responden no sólo a una cuestión estética —aunque es innegable su componente y despliegue— sino, por sobre todo, a una respuesta ingeniosa y circunstancial que, algunos jóvenes, dan al estado actual de cosas, que las sociedades contemporáneas les ofrecen. Por otra parte, salvo algunas excepciones, las tribus tienen una clara connotación temporal y fugaz, sobre todo en lo que se refiere a la permanencia de sus miembros en tales agrupaciones» (Silva, 2002:118).

13 Es decir, los procesos de individualización y desafiliación, menos que expresiones subculturales de generaciones que se desvinculan de un orden divergente, constituyen las bases precarias de organización del sentido de vida; los jóvenes son, desde este punto de vista, uno más de los actores de un sistema social general precario.

14 El destacado es nuestro.

15 Una expresión evidente de lo anterior se encuentra en la Encuesta Nacional a los Actores del Sistema Educativo 2004 del cide, ante la alternativa de establecer un pronóstico de su experiencia educativa, un 72.1% de los alumnos de los diversos establecimientos educacionales chilenos manifestaron la decisión de terminar estudios de educación superior, ya sea en Universidades, Institutos Profesionales o Centros de Formación Técnica. Esta orientación se distribuye en un 74% de estudiantes de establecimientos municipalizados, un 85% de establecimientos particular subvencionados y un 91% de establecimientos particulares pagados. Véase, «V Encuesta Nacional a los Actores del Sistema Educativo», cide, Santiago, 2004.

16 Entre los aspectos más destacados por los jóvenes para valorar el centro de educación de adultos se señala la ausencia de normas rígidas de comportamiento, la no exigencia de uniforme para la asistencia a clases, la flexibilidad horaria y un trato mayormente igualitario con los docentes.

17 Nos referimos al Programa Chile Joven, iniciativa gubernamental durante los noventa destinado a otorgar capacitación laboral a jóvenes en situación vulnerable con perspectivas de una mejor integración laboral.

18 Esta tendencia parece ser revertida en las nuevas propuestas curriculares y de organización institucional generadas en el marco del Programa Chile Califica, que recientemente comienzan a implementarse.

19 Esta orientación contrasta con los resultados obtenidos a la misma pregunta en estudiantes secundarios del sistema formal. Consultados sobre los mecanismos de búsqueda y obtención de trabajo, la encuesta arrojó que un 47,7% de los estudiantes secundarios buscaría algún pituto o contacto, un 29,5% optó por la alternativa de buscar avisos en los diarios, el 19,9% iría a dejar un currículo a personas conocidas, el 2,9% dice que recurriría a una municipalidad, y un 4,5% señaló otra opción (que por lo general se relacionó con las anteriores). Véase Álvarez, Ibáñez y Sepúlveda; 2000.

20 Véase Martinic y Sepúlveda, 2002.

21 Este aspecto ha sido ampliamente desarrollado en estudios sobre la orientación discursiva de jóvenes pobres en países desarrollados. En éstos se destaca que la gran mayoría de los jóvenes son conscientes de las dificultades estructurales existentes para alcanzar sus metas, pero, pese a ello, su actitud es básicamente optimista, basada en la confianza en sus propias capacidades para alcanzar objetivos y lograr proyectos de vida. Como contraste, la desorientación y la prolongación de las decisiones constituye el principal sello generacional. Véase Schneider y Stevenson, 1999.


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Correspondencia a: lsepulve@cide.cl 
Recibido: noviembre 2004
Aceptado: diciembre 2004

LA REFORMA EDUCACIONAL CHILENA DE 1964: SU IMPORTANCIA E IMPACTO EN EL DESARROLLO NACIONAL

1

Mario Leyton Soto
Publicado en Revista REXE No 2, agosto de 2002
Facultad de Educación, Universidad Católica SSMM Concepción
Resumen
El objetivo de este trabajo es presentar una visión global de la Reforma Educacional de los
años 1964-1970 de la cual se tiene, por lo general, una visión si no distorsionada, por lo
menos muy limitada, puesto que se piensa que se circunscribió a ampliar la matrícula y lograr
meta solamente cuantitativas. La ampliación de la matrícula a todos los niños de Chile fue,
sin duda, uno de los grandes logros de la reforma, tal vez único en la historia del país e
irrepetible. Sin embargo, la reforma fue mucho más allá de lo cuantitativo y buscó un cambio
cualitativo profundo del sistema educacional de tal manera que las nuevas oportunidades
que se abrieron a más de la mitad de la población escolar de Chile, sin escuelas, no
constituyeran una falacia por falta de calidad de la educación que se les ofrecería. Por esta
razón, y dada la gravedad de la crisis profunda que sufría la educación chilena, fue
necesario aplicar una reforma integral que cubriera todos y cada uno de los aspectos de la
educación nacional.
Palabras claves: reforma educacional, políticas educativas, Estado de Chile, cobertura
educativa, desarrollo nacional.
Introducción
La reforma educacional de 1964, entre otras acciones de importancia sustancial, impulsó
áreas fundamentales para el desarrollo del país, tales como la educación para el trabajo, el
desarrollo científico y tecnológico, el fortalecimiento del desarrollo cultural, la preocupación
por la juventud, por la educación del párvulo, la participación comunitaria en la educación, la
alfabetización del jóvenes y adultos, etc. De este esfuerzo surgieron una serie de
organismos e instituciones que, hasta el día de hoy, prestan importantísimos servicios al
desarrollo del país, tales como la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), el Instituto
nacional de Capacitación Profesional (INACAP), la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas
(JUNAEB), el Instituto Nacional de la Juventud ((INJ), la comisión Nacional Científica y
Tecnológica (CONYCIT), la Casa de la Cultura, la Dirección General de Educación de
Adultos y de Educación Extraescolar. Etc.
La esencia de los cambios, sin embargo, se centró en la modernización del currículum en
todos los niveles y modalidades de enseñanza y en el perfeccionamiento docente. En este
sentido, merece especial mención el significado cualitativo y de hondo sentido humano y
social que tuvo la reforma curricular y las medidas tomadas para dignificar la carrera docente
entre las que es digno destacar la creación del Centro de Perfeccionamiento,
Experimentación e Investigación Pedagógica (CPEIP), como estrategia por excelencia e
irremplazable en la aplicación de la reforma y en el mejoramiento de la calidad de la
educación.
2
Antecedentes.
La reforma educacional de 1964-1970, tiene riquísimos antecedentes en el desarrollo
educacional del país, desde el nacimiento del mismo en la república. A partir de entonces,
los esfuerzos de los sucesivos gobiernos por crear escuelas, liceos, colegios técnicos y
universidades, permitió estructurar tempranamente un verdadero sistema nacional de
educación. El proyecto de nación que se forjó a lo largo de esta extensa y heterogénea
geografía física y humana, se debió, en gran medida, al sistema educacional. Hubo
gobiernos como el de Manuel Montt, José Joaquín Balmaceda y Pedro Aguirre Cerda, que
realizaron esfuerzos extraordinarios para ampliar y mejorar el sistema educacional, incluso
este último llegó al gobierno con el lema de “educar es gobernar”.
Grandes y distinguidos educadores contribuyeron a la formación, desarrollo y
enriquecimiento del sistema educacional, como Andrés Bello, Abelardo Núñez, Valentín
Letelier, Migue Luis Amunátegui, D. Barros Arana, Darío Salas, Amanda Labarca, Gabriela
Mistral, Claudio Matte, Irma Salas, Juvenal Hernández, Juan Gómez Millas, Eugenio
González, Enrique Molina, Eugenio Pereira Salas, Guillermo Feliu Cruz, Oscar Vera, Egidio
Orellana, sólo para citar a unos pocos. Todos ellos promovieron cambios y estrategias de
desarrollo del sistema, como la creación del Instituto Nacional, la Universidad de Chile, el
Instituto Pedagógico, la Escuela Normal Abelardo Núñez y reformas como la de la
enseñanza primaria obligatoria de 1920, las reformas educacionales de 1927 y 1931, la de
enseñanza secundaria de 1945. En ese año se crearon las Escuelas Consolidadas y en
1955 se inició el Plan Integral de Educación en Arica que fue un ensayo de reforma a nivel
regional.
Un antecedente inmediato de la reforma, fueron los esfuerzos hechos por el gobierno del
Presidente Jorge Alessandri para introducir cambios importantes en el sistema educacional,
desde una perspectiva global. Los estudios del educador Oscar Vera Lamperein fueron un
aporte valioso al desarrollo de la Reforma Educacional de 1964-1970 introduciéndose el
concepto de planteamiento integral de la educación, postulado por UNESCO a nivel mundial.
Contexto y situación socio-política.
No obstante los aportes hechos por la educación al desarrollo del país a lo largo de su
historia, ésta reproducía una sociedad estratificada, que se caracterizaba por sus altos
índices de pobreza, analfabetismo, mortalidad infantil y morbilidad. El país contaba con un
desarrollo industrial insuficiente, con escasa inserción en el campo científico y tecnológico y
un sistema agrícola, casi mono productor, organizado en latifundios, que se mantenía gracias
al sistema de inquilinaje.
El país estaba dividido en dos grandes polos sociales, como lo reflejan las cifras de
distribución de la riqueza de la época, según las cuales aproximadamente un 10% de la
población, tenía acceso al ochenta por ciento de la riqueza nacional, y el 90% de la población
a sólo un veinte por ciento de la misma. La Estatificación socio-económica se reflejaba en la
profunda división política que sufría el país que coincidió con una época en la que el mundo
estaba dividido en dos grandes bloques: el comunista y el capitalista. Fue la época de los
esquemas globalizantes y de las utopías excluyentes, que se disputaban con paradigmas de
desarrollo estatista o libre mercadista la felicidad del mundo. Tal situación, impedía el logro
3
de acuerdos para formular políticas de estado en el campo económico, político, social y
particularmente educacional.
Mientras esto sucedía en el campo socio-político, el país se iba enclaustrando en un
desarrollo hacia adentro, marginando el enorme avance que había logrado las ciencias y la
tecnología. Chile no estaba siendo partícipe de la revolución del conocimiento que
empezaba a transformar al mundo en una villa de dimensiones planetarias.
Situación educativa en 1964.
La situación de crisis globalizada que vivía el país se reflejó en el sistema educacional que
necesitaba una reforma integral para dar respuesta a loa cambios estructurales y de todo tipo
que afectaban al sistema educativo. En efecto, la educación había llegado a una situación
de crisis profunda, como se puede apreciar por los siguientes indicadores: al inició del
gobierno, la escolaridad media del país, para la población entre 5 y 55 años era alrededor de
3,5 años; el asa de analfabetismo alcanzaba al 16,4 % y la inescolaridad para la población de
6 a 18 años era aproximadamente de 50%, de tal manera, que casi uno de cada dos niños
no tenía acceso a la educación. En 1964 más de 500.000 niños y adolescentes no
participaban de los beneficios de una escuela. La eficiencia interna era muy baja como lo
reflejada la aguda pirámide educacional de la época en que el 50% de los alumnos de
primaria no pasaba del 3er grado y menos del 30% lo hacía a nivel del 6o grado. De cien
alumnos que ingresaban a la enseñanza media, sólo 26 terminaban el 6o año de
humanidades. Esto es, alrededor del 7% de los que ingresaban al primer grado de primaria.
Resultados similares se presentaban en la Universidad. De 10 egresados de primaria, sólo
tres ingresaban a la Educación técnico-profesional.
Esta situación era el producto de un sistema educacional que había perdido su dinamismo,
reflejando a una sociedad estratificada y estática, en que la misión de la escuela era
fundamentalmente transmitir el acerbo cultural de la humanidad. El sistema educacional se
caracterizaba, por ello, entre otras cosas, por el enclaustramiento, su selectividad, su
academicismo, su inflexibilidad para adaptarse a los cambios, su retraso general y su
excesiva rigidez para incorporar las innovaciones científicas y pedagógicas.
En estas circunstancias, dedicados a transmitir la cultura acumulada, el sistema educacional
se despreocupó de investigar lo que estaba sucediendo a su alrededor. Los problemas del
hombre y su comunidad no lo conmovía, por cuanto su tarea trascendía lo circunstancial y
cotidiano para penetrar en lo histórico. Esta preocupación por conservar y transmitir los
valores del pasado transformaba al sistema educativo en una torre de marfil. Para la
mayoría de los jóvenes, la escuela reflejaba un ambiente de protección artificial que
contrastaba crudamente con la realidad del mundo en que les tocaba desarrollar su
personalidad, en la corriente misma de la vida.
La falta de pertinencia y relevancia del currículum impedía una formación integral al mismo
tiempo que no entregaba a la juventud las herramientas para incorporarse a la vida del
trabajo. El divorcio entre educación, trabajo y desarrollo fue la característica más conspicua
de un sistema educacional enclaustrado en sí mismo, que con su academicismo, orientado
por el tribium y cuatribum de las carreras liberales, excluía selectivamente a la gran mayoría
de los pocos educandos que tenían acceso a la educación o que podían económicamente
financiar una educación más allá de la escuela primaria.
4
En tal ambiente, el rol del profesor no podía ser otro que el de transmisor de esa cultura; al
estar limitado a su tarea, el profesor limitaba también a sus alumnos a una actividad pasiva y
poco creadora. La formación del hombre integral y su incorporación a la vida social y, por lo
consiguiente, a la vida del trabajo y su adecuación permanente al desarrollo cinético-técnico,
económico y cultural no eran tareas que debían preocupar al profesor. Las necesidades
nacionales en tal sentido estaban ausentes de los objetivos de la escuela.
Enclaustrado en sus propias estructuras, la rigidez del sistema impedía la incorporación de la
revolución que a nivel mundial se estaba produciendo en el campo del conocimiento y de los
avances científicos de la pedagogía y las nuevas técnicas, los nuevos métodos, las nuevas
ideas, los nuevos conceptos pedagógicos y de los nuevos materiales. En suma, impedía ver
que la educación había dejado de ser un patio exclusivo de los docentes, para pasar a
convertirse en una preocupación de toda la comunidad científica y de la sociedad en su
conjunto y que, por consiguiente, la interacción escuela-comunidad constituía la razón de ser
de un sistema educativo moderno y democrático, dinamizador del cambio y del desarrollo.
EL MARCO Y LOS FINES.
El cambio de estas tendencias históricas y UN marco adecuado para que dieran resultados
positivos, constituyeron la razón de ser de la política educacional del gobierno. El marco
constituyó la finalidad última de la educación nacional, el cual implicaba la reorientación de la
educación de acuerdo a principios democráticos a fin de posibilitar la construcción de un
nuevo país, de una sociedad justa y solidaria y con clara identidad nacional. En el momento
histórico que se vivió la reorientación de la educación, forzosamente debía hacerse en
función de los siguientes fines u objetivos fundamentales: a) El desarrollo integral de la
persona; b) La justicia social; c) El desarrollo económico; y d) El perfeccionamiento y
consolidación de la democracia plena.
Estos objetivos constituyeron los pilares sobre los cuales se debía afianzar
permanentemente el desarrollo y la integración nacional. Este nuevo modelo pedagógico
encontró su propio perfil en la medida que orientó su apoyo a la construcción de un estilo de
desarrollo que pretendió mejorar la calidad de vida del pueblo chileno.
Objetivos Generales.
El marco y los fines diseñados dieron la pauta para, en términos más precisos, reorientar la
educación con el fin de lograr los siguientes grandes objetivos.:
a. Garantizar la igualdad en el acceso a las diferentes opciones educativas y la
permanencia de los chilenos en el sistema hasta alcanzar niveles que les permitan su
desarrollo integral. Para tal efecto, se consolidarán y mejorarían las instituciones
educativas existentes, adoptándose nuevas estrategias para ampliar los servicios y
mejorar la calidad, beneficiando principalmente a aquellas poblaciones y regiones
tradicionalmente desatendidas.
b. Mejorar la calidad de la educación mediante una profunda reforma curricular, que
flexibilizará el proceso educativo para adecuar la oferta pedagógica a las necesidades
e intereses de la población, a las necesidades del desarrollo nacional y a las
demandas del desarrollo económico.
c. Dignificar la carrera docente de tal manera que el profesor constituyera el eje central
del proceso educativo.
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d. Crear condiciones exógenas favorables que permitieran compensar las desigualdades
socio-económico de la población educacional más pobre.
e. Lograr una mejor organización y un eficiente funcionamiento del sistema introduciendo
nuevas técnicas y tecnologías de administración y gestión, acordes con las
necesidades de cada región del país, a través de la descentralización o
regionalización educacional.
f. Afirmar la identidad nacional y la asimilación de aquellos valores culturales que
contribuyeran a la consolidación de la democracia, a través del sistema educativo,
tarea para la cual se aunarían esfuerzos con otros sectores.
g. Estimular el desarrollo de la investigación científica y tecnológica, en función de
nuestros recursos naturales y de los requerimientos de las actividades productiva,
como una manera de contrarrestar la dependencia externa; y la aplicación de sus
logros en beneficio del desarrollo del país dentro de este marco, paralelamente con la
política de desarrollo científico y tecnológico.
h. Mejorar permanentemente al personal directivo, técnico y docente que trabaja en el
sistema educativo, incluyendo la formación inicial de dicho personal.
i. Ampliar y profundizar las oportunidades educativas de la población adulta,
fortaleciendo los programas de educación extraescolar y particularmente el de
alfabetización.
j. Integrar a la juventud al proyecto nacional de desarrollo.
k. Fortalecer los vínculos entre la escuela y la comunidad e integrarla al proceso de
desarrollo nacional.
Políticas educacionales:
Democratización y Modernización :
El marco y los objetivos planteados apuntaban a la estructuración de un gran proyecto
nacional que comprometió la voluntad política de la nación y del gobierno en la
democratización y la modernización del sistema educacional. En un hecho inequívoco que
en la medida en que la población tuviera mayores niveles educativos estará en mejores
condiciones de participar activamente en el desarrollo nacional. Sin embargo, sólo la
ampliación de los servicios educativos no era suficiente para impulsar la participación
efectiva de toda la población en el desarrollo del país. Para que ello ocurriera se debía
modernizar los servicios educativos para ofrecer una educación de alta calidad para todos y,
en particular. Para los sectores tradicionalmente postergados. Además, los contenidos
programáticos de la educación debían considerar principios democráticos que posibilitaran el
conocimiento objetivo de la realidad nacional. Por otra parte, a la educación le correspondía
contribuir a proyectar en la historia la cultura nacional y a enriquecerla con los aportes del
saber universal, del desarrollo científico y tecnológico y por ese motivo se destinaron a ella
los recursos suficientes en el entendido que se estaba haciendo la inversión más rentable
que un país puede realizar.
LAS LINEAS ESTRATEGICAS
El marco general diseñado y el profundo cambio de prioridades que se estableció, para dar
oportunidades y servicios educativos con equidad y calidad a todos los chilenos, sólo podía
lograrse a través de un conjunto coherente de líneas estratégicas que apuntaran a la
solución de la diversidad de problemas que afectaban con caracteres de crisis profunda al
sistema educacional. Estas líneas estratégicas sólo podían concretarse plenamente su eran
paralelas a las otras transformaciones que el Plan Nacional de Desarrollo planteaba. Las
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líneas estratégicas planteadas exigía transformaciones que dependían de la política
educacional, en sentido estricto, con modalidades e intensidades muy diferentes, en tanto
que otras requerían transformaciones de la sociedad y de la economía. Hay un límite en este
sentido a lo que la escuela puede hacer. Sin embargo, el Plan de Desarrollo del gobierno,
permitió en general, los cambios estructurales de la sociedad que facilitaron un grado
significativo de logro a mediano y largo plazo, de las estrategias aplicadas. Ello se debió
también, en gran medida, a la voluntad del gobierno de declarar como política prioritaria de
su plan de desarrollo a la educación.
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PRIMERA LINEA ESTRATEGICA : MATRICULA PARA TODOS
PLAN EXTRAORDINARIO DE CONSTRUCCIONES ESCOLARES, DE CONTRATACIÓN Y
FORMACIÓN DE PROFESORES.
En primer término, fue necesario poner en marcha un Plan Extraordinario que permitiera
ofrecer oportunidades educativas concretas a los niños y adolescentes del país que en ese
momento, no tenían una escuela adonde ir. Este plan se materializó construyendo, en el
sexenio, un total de alrededor de 2,750 escuelas, 932 casas para profesores rurales
(1.637.549 metros cuadrados). Con esta capacidad se pudo absorber la matrícula discal de
1.991.980 alumnos de 1970, superior en un 59,08% a la de 1964, lográndose una tasa de
escolaridad de 95%, incluyendo al sector particular con una matrícula de 660.200. La
matrícula global en 1970 fue de 2.653,180 lo que representa un incremento, con respecto a
1964, de 956.117 alumnos, o sea de un 63%. Es decir, escolaridad plena para la población
de 6 a 18 años de edad.
Para absorber la nueva matrícula se contrataron alrededor de 15.000 nuevos profesores que
recibieron una formación especial. Estos profesores se reclutaron de alumnos egresados de
la Enseñanza Media y se sometieron a un proceso innovador de formación acelerada y en
servicio. De tres años, que vinculó la práctica desde el primer momento con la formación
teórica, a través de un sistema rotativo de teoría-práctica, que a la larga resultço ser tan
eficiente como el regular que ofrecían las Escuelas Normales. Según estudios de
seguimiento y evaluación del aprendizaje de los alumnos de estos profesores, no
representaban diferencias significativas con los profesores normalistas.
SEGUNDA LINEA ESTRATEGICA: LA REFORMA EDUCACIONAL.
La ampliación de la matrícula o democratización de las oportunidades con ser necesaria, no
será suficiente para integrar a la población en forma activa al desarrollo nacional.
La calidad de la oferta educativa constituía, por consiguiente, el ingrediente esencial para
lograr las transformaciones que la sociedad chilena requería para superar el subdesarrollo en
sus múltiples manifestaciones. Por ello, se diseñó y aplicó una amplia y profunda reforma
educacional que se concretó a través de tres cambios fundamentales: el cambio de la
estructura del sistema educacional, la reformulación del currículum y el perfeccionamiento
docente.
A.
NUEVA ESTRUCTURA DEL SISTEMA
PARVULARIA DE 6, BASICA DE 8 Y MEDIA DE 4 AÑOS
Uno de los cambios más radicales que se ha hecho en la educación chilena en este siglo fue
el cambio de la estructura del sistema educacional, tradicionalmente constituido por seis
años de primaria y seis años de secundaria y grados de enseñanza técnica de duración
variada, entre tres y siete años. Era una estructura desarticulara que reproducía al interior
del sistema educativo la estratificación de la sociedad chilena.
La nueva estructura que se aplicó tuvo como objetivo fundamental facilitar un proceso
educativo secuencial e integral y garantizar la permanencia y progreso dentro del sistema
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educativo, sin discriminaciones sociales. Fue, por ello una estructura homogénea y
democratizadora, motivadora de la integración dinámica de la sociedad.
La nueva estructura permitió la atención educativa a la población entre cero y 18 años de
edad, puesto que contempló tres niveles de enseñanza: parvularia, básica y media.
La Enseñanza Parvularia : 6 años
El nivel parvulario se integró progresivamente a la estructura del sistema educacional. Su
incorporación oficial se produjo en 1969, creándose la Junta nacional de jardines Infantiles
(JUNJI). La extensión del sistema educativo hacia abajo, hasta cubrir al niño desde su
nacimiento, ha sido y continúa siendo la más importante de las medidas tomadas en orden a
garantizar equidad e igualdad de oportunidades, puesto que la atención integral del infante y
la estimulación temprana, son fundamentales en el desarrollo educativo posterior de todo ser
humano.
La Escuela Básica: 8 años
La escuela básica de ocho años se organizó en dos sub-ciclos de cuatro años; el primero
globalizado y el segundo por áreas programáticas. El 7o y 8o años debería constituirse en una
especie de “sub-ciclo de orientación vocacional” con orientación tecnológica. Se pretendía
reorientar el flujo de alumnos de los liceos a la enseñanza técnica, adecuadas a las
necesidades del desarrollo económico, produciendo un cambio de actitud a favor de la
valoración del trabajo manual.
La Enseñanza Media: 4 años
La estructura de la enseñanza media se organizó en ase a dos modalidades: científico-
humanista y técnico-profesional con un año general común, que en cierta manera venía a
constituir el 9o año de la enseñanza básica, como fue planificada originalmente. Cada una
de las opciones se organizó con un plan de estudios diversificado a partir del 2o año en la
modalidad técnico-profesional y de 3er año en la científico-humanista. Se suponía que el
sector técnico-profesional debía mantener aperturas hacia el mundo del trabajo con opciones
de reingreso.
La Enseñanza Superior:
Otro hecho significativo en relación con la estructura del sistema educacional, fue la
ampliación del concepto de universidad al de Educación Superior, que permitía incluir en ese
nivel de educación postsecundaria a otras instituciones académicas que no fueran
universidades tradicionales. Al abrirse el abanico de instituciones, se ampliaban las
oportunidades y se diversificaban las posibilidades de educación más conforme con las
necesidades del desarrollo nacional.
Licencia de Enseñanza Básica y Media.
Para facilitar el flujo de una población escolar creciente, de un nivel a otro, se hicieron
modificaciones sustantivas a los reglamentos y modalidades de promoción, creándose las
Licencias de Educación Básica y Media. Esta última tiene efectos legales iguales para todos
los egresados de ese nivel de enseñanza, eliminándose los requisitos que impedían a los
alumnos de los colegios técnicos y de las escuelas normales continuar estudios superiores,
por no tener la licencia secundaria otorgada por los liceos.
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SIGNIFICADO DE LA NUEVA ESTRUCTURA
La nueva estructura tuvo significados importantes tanto en el ámbito pedagógico como social.
Entre los más importantes se podrían señalar los siguientes:
1.
La democratización
Democratizar la estructura del sistema educacional fue una preocupación prioritaria para
eliminar la estratificación social que al mismo tiempo reproducía y generaba.
La
democratización de la sociedad chilena requería de un sistema educativo que dinamizara la
integración social, económica y cultural del país.
El cambio de estructura tenía, por lo tanto, un sentido socio-político significativo al
reemplazar una estructura desarticulara y socialmente estratificada por otra, más unificada e
integradora de la sociedad chilena. En efecto, al interior de la antigua estructura coexistían
dos subsistemas paralelos, sin comunicación ni vinculación. Por un lado estaban los liceos
con sus escuelas primarias anexas y cuyos egresados tenían abiertas las puertas para
ingresar a las carreras universitarias, puesto que el liceo les había proporcionado la
formación adecuada y la Licencia Secundaria que los habilitaba para dar el Bachillerato e
ingresar a la Universidad. Además, pertenecían al grupo que económicamente estaba en
condiciones de hacerlo.
Por otro lado, estaba la escuela primaria común, con acceso preferencial para la mayoría de
sus egresados a las escuelas técnicas de nivel secundario, desarticuladas entre sí y de
diferentes años de duración, de niveles de formación básicamente artesanales sin mayor
formación general, científica y tecnológica que no les preparaba para continuar estudios
superiores ni incorporarse con versatilidad al mundo del trabajo. Eran escuelas de carácter
terminal, puesto que los certificados o títulos no habilitaban a sus egresados para continuar
estudios en las carreras tradicionales, aunque sus condiciones socio-económicas y sus
capacidades se los permitieran. El certificado o título no era equivalente a la Licencia
Secundaria de los liceos.
2. La formación docente
La formación de profesores reflejaba la misma estratificación del sistema educativo. Los
Profesores de los liceos y sus escuelas anexas se formaban en la universidad, por muchos
años en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile; en tanto que, los profesores
primarios se formaban en las escuelas normales a las cuales se ingresaba desde sus
escuelas primarias anexas. De ahí, salían los profesores para las escuelas primarias
comunes. Coexistían dentro del sistema educacional dos subsistemas que no se tocaban:
uno para preparar profesionalmente y sus respectivos profesores a nivel universitario y otro,
para preparar obreros calificados y técnicos de mando medio, con su respectivo sistema de
formación de profesores en las escuelas normales. Fue necesario por estas razones, y por
las demandas de la estructura, democratizar la formación docente y el perfeccionamiento.
3. Dinamizadora del cambio
La nueva estructura del sistema educación no sólo preevía democratizar las estructuras sino
que dinamizar el cambio y la movilidad social, para adecuar el país a las condiciones y
características propias de un país desarrollado. A mayores y mejores niveles educacionales,
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la población podía hacer uso eficaz de la información y los conocimientos adecuados a las
cambiantes condiciones del desarrollo en general y de la universalidad de la cultura y de la
economía. Cada individuo podía adquirir mayor autonomía y tomar decisiones inteligentes
en relación con su vida personal, profesional y política, lo cual es indispensable para el
perfeccionamiento de la democracia, lograr niveles de desarrollo sustentables y manejarse
en condiciones en que el cambio es lo permanente.
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4. Formación general y desarrollo
El desarrollo científico y tecnológico que por décadas se venía manifestando,
particularmente, a partir de la segunda guerra mundial, produjo una revolución en el
conocimiento a escala planetaria, de tal manera que quien lo poseía tenía el poder para su
desarrollo. Poseer dicho conocimiento se constituyó en el objetivo por excelencia de las
naciones del mundo y para lograrlo no había otro camino que la educación de la población a
través de una educación general, que incorporara la tecnología y la técnica a una sólida
formación humanista y científica.
5. Escolaridad a nivel de los países desarrollados.
Los estudios comparativos que se venían realizando entre educación y desarrollo
comprobaban, cada vez con mayor certidumbre, que los países que habían logrado mayores
niveles de escolaridad para su población, eran las que más tempranamente se habían
incorporado al grupo selecto de “países desarrollados”. Estos tenían para entonces, un
promedio de 10 años de escolaridad para su población activa. El cambio de estructura
facilitaba el logro, a mediano plazo, de una escolaridad media para la población activa. El
cambio de estructura facilitaba el logro, a mediano plazo, de una escolaridad media para la
población , en edad escolar, de aproximadamente seis años y en el plazo de unos diez a
quince años, una escolaridad de ocho, nueve o más años; con lo cual el país se ubicaría,
como de hecho ha sucedido, en el nivel educacional de los países desarrollados.
B. REFORMA CURRICULAR
Características del nuevo currículum.
El currículum propuesto modificó los planes, programas y materiales de estudio, siendo
coherente con los principios democratizadores y modernizadores de la nueva estructura del
sistema educacional. La malla curricular, por lo tanto, entregó una formación general
científica, humanista y tecnológica que permitió a todos los alumnos continuar estudio
superiores o integrarse y adecuarse a una vida de trabajo dinámica y cambiante. Se trataba
que la Licencia de Enseñanza Media no sólo fuera un documento legal, sino que la expresión
de un proceso pleno de realización personal y de aprendizaje de la más alta calidad, para
todos los educandos. Con ese propósito la enseñanza general se extendía, desde la primer
grado de primaria hasta el último año de la media, formando parte del Plan Común
Obligatorio para todos los educandos del país.
El Plan de Estudio de la nueva estructura fue diseñado flexiblemente de manera de poder
aplicar dos principios básicos: diversidad y funcionalidad. La diversidad dice relación con las
diversas opciones que se abrieron a los educandos especialmente en la enseñanza media o
Plan Electivo y la funcionalidad a la cual podían optar según sus intereses. La funcionalidad
estaba relacionada con abrir posibilidades educativas conforme a las necesidades de las
regiones y pasaron a constituir las actividades complementarias cuya aplicación era
facultativa de cada colegio. De acuerdo con este Plan las actividades para los alumnos eran
obligatorias o comunes, electivas y optativas. Aún con las limitaciones que este plan se
aplicó, constituyó un primer paso para adecuar el currículum a las necesidades de un
sistema educativo con una población escolar cada vez más heterogénea, a la características
y necesidades individuales de los educandos y al desarrollo regional y nacional.
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Los contenidos programáticos se concibieron en el contexto de un currículum coherente con
los principios democratizadores y modernizadores de la nueva estructura educacional. Por
esta razón, no sólo se actualizaron los contenidos científicos de los programas de estudio y
su tratamiento metodológico, sino que se concibieron en el contexto de un currículum de
formación integral, flexible, diversificado y aplicados con carácter tentativo y de
experimentación permanente. Se trataba de ofrecer un currículum secuencial e integrador,
que potenciara y desarrollar por igual todas las capacidades de todos los alumnos al límite de
sus posibilidades. Se partía de la base que “todos los alumnos podían aprender igualmente
bien su las condiciones les eran apropiadas”. De esta forma, se lograría una comunidad de
hombres libres y pensantes, capaces de elegir su propio destino, continuar estudios o
insertarse con propiedad y dignidad en la vida del trabajo y sentirse partícipe de una
sociedad más justa y solidaria, en permanente cambio y de una cultura que, desde entonces,
se visualizaba de dimensiones planetarias, sin perder de vista las raíces de su historia y de
su propia identidad y cultura.
La trama organizativa del nuevo currículum general contemplaba los siguientes hilos
conductores:
1. El desarrollo del pensamiento reflexivo
2. La solidaridad e interdependencia de los grupos sociales: cooperación, tolerancia,
responsabilidad, perseverancia, iniciativa, cortesía.
3. Dominio satisfactorio de la lengua materna como instrumento de comunicación
4. Valoración del trabajo manual y técnico
5. El consumo y la producción inteligentes de bienes y servicios
6. La conservación y el incremento de las riquezas nacionales
7. La exploración y orientación para una adecuada elección vocacional.
8. El dominio funcional y la apreciación del lenguaje plástico y musical.
Significado Pedagógico del Nuevo Currículum
Más allá de los cambios metodológicos que produjo el nuevo currículum, éste impacto el
pensamiento pedagógico nacional en diversos aspectos fundamentales que abrieron camino
a un moderno pensamiento educacional en el país, como veremos en los párrafos siguientes.
1. Un nuevo lenguaje pedagógico
La reforma educacional impactó al ambiente educacional tradicional introduciendo un
lenguaje pedagógico de vanguardia en uso en los centros educativos de mayor prestigio en
Estados Unidos y Europa. Se introdujo el concepto de Currículum y Planificación del
Currículum como una visión sistemática e integral del proceso educacional que sustituyó el
tradicional concepto de didáctica, que representaba una visión parcial de la pedagogía. El
concepto de Taxonomía de los Objetivos Educacionales Cognitivos y Afectivos de impacto
mundial, fue introducido en el país por su propio creador, el Profesor de la Universidad de
Chicago, Benjamín Bloom. De igual forma, se introdujeron en Chile los conceptos de
Evaluación formativa y acumulativa del aprendizaje, evaluación del Currículum, evaluación
institucional, nuevos enfoques tecnológicos y cognitivos del aprendizaje, etc. Etc. También,
se conocieron los conceptos de creatividad de Jackson y Getzel y los conceptos de tareas de
aprendizaje de R. Havighursr, además de los conceptos de integración de la experiencia de
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aprendizaje y de correlación de contenidos. En definitiva este nuevo lenguaje abrió el
camino en el país hacia un pensamiento más científico y racional de las prácticas
pedagógicas y la reconsideración de la pedagogía como una area respetable de las ciencias
sociales.
2. Cambio de la cultura de la escuela.
Se pretendía una escuela eminentemente formativa en la cual la instrucción debía estar al
servicio de la formación; una escuela para aprender y aprender a vivir, en la cual la
enseñanza y el aprendizaje se conjugarán en un solo proceso. Una escuela activa en la que
el eje del proceso educativo era el educando, pero en la cual el rol del profesor adquiría una
dimensión profesional superior a la de simple instructor, al constituirse en orientador de un
proceso de formación humana y de planificador, o más bien estructurador, de contenidos y
situaciones de aprendizaje altamente significativas, con las cuales debían interactuar los
educandos. Estimular y orientar esa interacción y dar apoyo y retroalimentación permanente
pasaron a constituir también partes significativas de su nuevo rol. Escuela para “aprender a
ser”, “aprender a aprender” y “aprender haciendo” sustitutiva de la escuela tradicional
memorizante y bancaria, consumidora de información, deshumanizadora. Una escuela en
que se viviera un ambiente solidario y tolerante, en la que se estimulara la participación, la
creatividad, el pensamiento crítico, la autonomía, la racionalidad, la responsabilidad. Una
escuela, en fin, en que se viviera una verdadera cultura democrática, una comunidad de
seres humanos aprendiendo a vivir.
3. Currículum integral e interdisciplinario
Se planteó un currículum integral, interdisciplinario y trans-disciplinario. Un currículum cuyas
fuentes fundacionales fueran tan diversas como era la vida real de los educandos. Un
currículum determinado por especialistas de contenidos programáticos, además, de
sociológicos, antropólogos, economistas, psicólogos, filósofos, religiosos, etc. Es decir, una
planificación integradora e integral del currículum lo cual es válido a nivel macro como micro.
4. Currículum sistemático
Un currículum sistemático concebido de tal manera que se visualizaran y consideraran en
cualquier toma de decisiones las interacciones y la interdependencia de los diferentes
elementos, procesos y sujetos que intervienen en el currículum escolar. En este contexto,
los conceptos de supervisión, orientación y evaluación se integraron al proceso pedagógico y
a la malla curricular creándose, para tal efecto, los sistemas nacionales respectivos. Se
introdujo, por ejemplo, el concepto de evaluación formativa integral del currículum y como
una verdadera estrategia de aprendizaje personalizado que permitía a su vez un aprendizaje
académico sólido y una formación integral.
5. Currículum sin dicotomías
Un currículum que eliminara la dicotomía entre tradicionalistas y progresistas que ha dividido
al mundo pedagógico por décadas, es decir, entre aquellos que centran el currículum en las
asignaturas y aquellos que lo centran en el educando, entre contenidos y método. El
currículum que se presentó zanjaba esta dicotomía artificial, al establecer el sentido formativo
que deben tener los contenidos además del instructivo. En este sentido se quería superar
con un enfoque académicos responsable, la barrera que representaba la memorización de
hechos aislados y descontextualizados para lograr aprendizajes significativos. No se
descartaba la memorización sino, por el contrario, se la valoraba como un proceso esencial
en la construcción del conocimiento superior y para ello se requería de profesores capaces
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de estructurar las situaciones de aprendizaje, (las que el alumno debía intervenir) con
información pertinente, relevante y contextualizada. De esta forma, se apoyaba a un alumno
activo y no a un “activista” del aprendizaje, a internalizar orgánicamente la información,
procesarla y transformarla en plataforma o prerrequisitos indispensables en la construcción
de nuevas y más complejos procesos mentales superiores.
6. Currículum científico
El currículum además de integral y sistemático, se planteó como un proceso científico en el
cual los objetivos deberían plantearse no como simples declaraciones de buenas
intenciones, sino que como instrumentos e indicadores conceptuales y operacionales para la
planificación eficaz de actividades de aprendizajes contínuos, secuenciales, integradores y
relevantes al nivel de desarrollo del niño, sus necesidades e intereses como a las propias
exigencias de los contenidos programáticos. El enfoque taxonómico de los objetivos debía
utilizarse en ese contexto y con el propósito de introducir prácticas e instrumentos
evaluativos válidos, objetivos y confiables y con sentido formativo.
Se incentivó la investigación pedagógica y la experimentación como profesos esenciales
para fundamentar las prácticas pedagógicas en las escuelas y en las instituciones de
formación y perfeccionamiento docente. A ello se debió justamente el nombre que se le dio
al Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP).
Se estimuló también la reflexión teórica y se introdujeron teorías y estilos curriculares para
enriquecerla.
7. La Evaluación del aprendizaje y del sistema
Como ya se ha dicho en párrafos precedentes, uno de los conceptos e innovaciones de
mayor significado que se introdujeron durante la reforma, fue una visión sistemática del
currículum de tal manera que todos los elementos sujetos y procesos son interdependientes.
Uno de estos procesos y, tal vez el de mayor gravitación, es la evaluación. De la manera
cómo se la utilice dependerá en medida significativa el que ambiciosas reformas educativas
puedan lograr sus objetivos innovadores. La experiencia ha demostrado que si la evaluación
sólo se utiliza con fines de calificación y promoción, se termina trabajando para la prueba y
no para el educando. En ese sentido, se desvirtúa y se pervierte el sentido final de cualquier
reforma innovadora, la cual termina por auto eliminarse.
Debe existir, por consiguiente, coherencia entre los objetivos y la evaluación en cualquier
proceso innovador. Considerando precisamente este principio, se planteó el concepto de
Evaluación formativa como parte integral de la malla curricular y del proceso de aprendizaje.
La evaluación, en este caso, para apoyar el progreso armónico y secuencial del aprendizaje
de cada alumno por igual, de tal manera que actúe como una metodología tutorial de
aprendizaje, de colaboración mutua alumno-maestro que permite el control de las variables
necesarias para un aprendizaje eficaz.
8. Textos de estudio
La reforma curricular no habría tenido sentido sino hubiese existido un cambio radical del los
textos de estudio en uso en el sistema educacional, la mayoría de los cuales no habían sido
actualizados por décadas. Los nuevos textos que se diseñaron para todos los grados del
sistema educacional, tanto en el CPEIP como en las editoriales privadas, s ciñeron a los
nuevos lineamientos pedagógicos, científicos y técnicos del nuevo currículum educacional.
15
El aporte de las editoriales nacionales y algunas extranjeras al desarrollo de los nuevos
textos de estudio, imprimió un nuevo sello a los procesos de reformas educativas, puesto que
estas editoriales, sin costo para el estado, pusieron equipos técnicos altamente calificados al
servicio de los cambios educativos, vía textos de estudio, y perfeccionamiento docente.
TERCERA LINEA ESTRATEGICA:
DIGNIFICACION DE LA CARRERA DOCENTE
El gobierno consciente del rol que juega el profesor como eje central del proceso educativo y
del desarrollo del país, puso un énfasis muy especial en la dignificación de la carrera
docente. En tal sentido, se tomaron tres medidas de particular significado:
a. Carrera docente.
En primer lugar se reafirmó el rol del maestro en el proceso formativo de los educandos, en
el contexto de una pedagogía tecnologizada y se reconoció el liderazgo que el profesor
históricamente ha tenido en las comunidades del país. Asimismo se valora la importancia
que tiene el profesor en la implementación de innovaciones y reformas al sistema
educacional. Por ello, se le abrieron las puertas a la participación durante todo el proceso de
la reforma y se les dio un trato justo, tanto en los aspectos laborales, salariales y de
beneficios sociales. En el Acuerdo Magisterial de 1969 quedaron plasmadas en tal sentido
viejas aspiraciones del magisterio nacional.
b. Perfeccionamiento masivo y permanente:
El centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas
(CPEIP).
Especial importancia mereció la nueva política de perfeccionamiento que se aplicó partiendo
del principio que la actualización permanente del profesorado, en los nuevos conocimientos
científicos y avances pedagógicos, constituía la viga maestra del mejoramiento de la calidad
de la educación y la implementación de cualquier innovación en el sistema educacional.
Para cumplir con estos objetivos se creó en Centro de Perfeccionamiento Experimentación e
Investigaciones Pedagógicas, CPEIP, como una institución académica superior, rectora en la
materia propia de sus objetivos.
La creación del Centro de Perfeccionamiento obedeció, también a un clamor profundo del
magisterio nacional que por décadas venía poniendo en sus plataformas de lucha la creación
de una institución como ésta. La participación y colaboración técnica y pedagógica del
gremio en la creación del centro de Perfeccionamiento, fue fundamental y a partir de
entonces el Centro se constituyó en “hogar intelectual y espiritual” del profesorado nacional.
Dotado de equipos técnicos y profesionales de primera línea que colaboraron con
extraordinaria generosidad, alcanzó prestigio internacional y se convirtió en un referente
imitado en muchos países. Más de 85.000 profesores de todo el país se beneficiaron de sus
cursos al igual que centenares de profesionales de la educación de casi todo el continente,
en el sexenio. Además, se creó la asignación de perfeccionamiento, como una manera de
estimular la carrera docente.
16
Siendo importante la labor de perfeccionamiento realizada por el CPEIP, no lo fue menos
como motor de la reforma educacional. En esta institución se elaboraron los lineamientos de
la nueva estructura del sistema educacional, se elaboró la nueva malla curricular y los
programas de estudio para todos los ciclos y niveles. Aquí fue donde se diseñaron los
nuevos textos de estudio, se introdujeron importantes innovaciones en el uso de los medios
de comunicación, experiencias innovadoras en el campo de la lecto-escritura como el
Programa Adelante y en el perfeccionamiento en servicio, los PPS de ciencias y la aplicación
experimental de programas de prestigio internacional de enseñanza de la física y la biología.
El CPEIP introdujo en Chile un nuevo lenguaje pedagógico, nuevos conceptos, nuevas
técnicas y metodologías que constituían el conocimiento de punto en las ciencias
pedagógicas. Aquí, llegaron profesores de las más destacadas universidades del mundo,
como Harvard, Chicago, La Sorbonne, Estocolmo. Etc. A compartir sus conocimientos con
los profesionales chilenos y desde este Centro se irradio a todo el continente, en múltiples
cursos internacionales, auspiciados por la UNESCO y por la OEA una nueva pedagogía. No
sin razón se le catalogó, en su oportunidad, entre los tres mejores centros de su tipo en el
mundo, por la Asociación Internacional de Currículum con sede en Estocolmo. A partir de
entonces, el CPEIP se convirtió en el símbolo de la reforma educativa y de la innovación
pedagógica en el continente.
c. Formación de docentes a nivel superior.
Por último, se hicieron transformaciones sustanciales a la formación inicial de profesores con
el propósito de unificar su formación en la línea democratizadora de la nueva estructura del
sistema educacional, eliminando la separación existen entre profesores de secundaria y
primaria. También se buscó mejorar sustantivamente la formación científica de los
profesores egresados de las escuelas normales para atender los desafíos de la nueva
estructura. El plan inicial consultaba la transformación de las Escuelas Normales en
Institutos Superiores de formación Docente, de 4 ó 5 años de duración, mientras que
paralelamente, las Facultades de Educación de las Universidades empezaban a aplicar
programas de formación de profesores de educación básica.
Posteriormente, las
universidades se hicieron cargo de esta tarea y las escuelas normales fueron disueltas,
unificándose la formación de profesores para todo el sistema, a nivel universitario.
A través de una estrategia de aproximaciones académicas sucesivas entre los profesiones
del Centro de Perfeccionamiento (CPEIP) y los de las Facultades de Educación,
especialmente del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, se fueron modificando los
programas de formación de los profesores secundarios, en función de los requerimientos y
desafíos de las innovaciones curriculares puestas en marcha en el sistema educacional. Se
facilitó esta transferencia por el hecho que la mayoría de los profesionales del CPEIP
provenían de las diversas facultades de las universidades nacionales.
CUARTA LINEA ESTRATEGICA : ASISTENCIALIDAD INTEGRAL
COMPENSATORIA: LA JUNAEB.
La reforma educativa no sólo se preocupó de cautelar la equidad de la oferta educativa
ampliando la matrícula a la totalidad de la población escolar y mejorar la calidad de la
educación con la reforma estructural y curricular del sistema educativo y el perfeccionamiento
docente, sino que focalizó en forma especial sus estrategias a mejorar los factores exógenos
17
de orden socio-económico que limitaban las oportunidades de vasto sectores de la población
de bajos ingresos. Las compensaciones sociales que se aplicaron, tenían además un
fundamento pedagógico en las investigaciones sobre aprendizaje humano, que habían
logrado establecer en forma inequívoca que “ todos los alumnos pueden aprender igualmente
bien lo que se enseña en la escuela, su las condiciones endógenas y exógenas son las
apropiadas”.
Para cumplir con este esencial compromiso, se creo la Junta Nacional de Auxilio Escolar y
Becas (JUNAEB), la cual desarrolló una labor extraordinaria al poner en marcha un
Programa Integral de Asistencialidad Compensatoria.. Este programa permitió atender las
necesidades básicas y pedagógicas de todos los chilenos que lo necesitaban, sin ninguna
excepción. Se dotó a las escuelas del país de modernas cocinas con equipamiento para
atender la alimentación sana y nutritiva de todos los alumnos, además de ofrecerles atención
médica y dental, vestuario, útiles escolares y becas. En este contexto, repartió durante ser
años, más de 1.300.000 desayunos y más de 600.000 almuerzos diarios; distribuyó
3.287.762, textos escolares, y cientos de miles de lápices, cuadernos y vestuario demás, de
ofrecer atención médica y dental, becas y préstamos universitarios a otros tantos miles de
niños y adolescentes.
QUINTA LINEA ESTRATEGICA :
SISTEMAS NACIONALES DE APOYO TÉCNICO-PEDAGOGICO:
EVALUACIÓN, SUPERVISIÓN , ORIENTACIÓN
El perfeccionamiento docente masivo, permanente y en servicio, constituyó un paso
importantísimo para el mejoramiento de la calidad de la educación. Intrínsicamente
vinculado al perfeccionamiento se encontraban otras funciones técnico-pedagógicas que al
momento de iniciarse la reforma constituían acciones independientes y desvinculadas de la
malla pedagógica y del proceso de aprendizaje- formativo de los educandos. Las tareas de
evaluación, supervisión y orientación se aplicaban además conforme a conceptos
tradicionales de evaluación, del producto terminal, la supervisión como control y orientación
clínica o de casos de conducta. La reforma, planteó enfoque pedagógico actualizados en
estas materias, de tal forma que constituyeron procesos integrados al proceso formativo de
los educandos y en verdaderos apoyos a un mejor aprendizaje. Los orientadores,
supervisores y evaluadores constituían junto a profesor de aula un equipo pedagógico al
servicio de los educandos.
La reforma educacional no se quedó en la redefinición de los conceptos, contenidos y
metodologías de estas funciones, sino que creó los Sistemas Nacionales de Supervisión,
Orientación y Evaluación para aplicarlos en todas las escuelas del país, de acuerdo a las
nuevas orientaciones y porque había conciencia que sin ellos, ningún sistema educativo,
centralizado o descentralizado, puede cumplir con los requerimientos esenciales que
demanda la sociedad para garantizar una educación equitativa y de buena calidad. Todos
estos servicios cumplieron una tarea importante e incluso la PAA y la Prueba SIMCE, son
directa o indirectamente productos del Sistema Nacional de evaluación. Sin embargo, fue el
enfoque estratégico de apoyo al profesor en el aula y el quehacer pedagógico de la escuela
en su conjunto, lo que daba sentido a un Estado que cumplía en lo esencial con el rol
educativo que le corresponde en una sociedad justa y solidaria.
18
SEXTA LINEA ESTRATEGICA :
MODERNIZACION Y DESCENTRALIZACIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN Y GESTIÓN DEL
SISTEMA EDUCATIVO.
La administración del sistema educacional adolecía de graves deficiencias como producto de
una excesiva centralización, burocratización, desorganización, crecimiento inorgánico, uso
inadecuado o totalmente inexistente de instrumentos técnicos adecuados para una gestión
eficiente. Tal situación se había hecho insostenible con el crecimiento que el sistema
educativo experimentó con una matrícula que se duplicó, a no ser por una serie de medidas
que se tomaron para modernizarlo y descentralizarlo. Fue así como se dieron pasos
importantes para modernizar el sistema educacional en sus aspectos administrativos y
técnico-pedagógicos, concebido como una gran unidad de procesos interactuantes, como
metas comunes dentro de un contexto de flexibilidad operacional. Se hicieron los primeros
ensayos pilotos de descentralización administrativa y de desburocratización de la gestión en
los servicios centrales, utilizando nuevas tecnologías para la administración de personal, el
pago de remuneraciones al personal docente, directivo y técnico en todo el país y la
certificación de estudios.
SÉPTIMA LINEA ESTRATÉGICA
EDUCACIÓN PERMANENTE: LA EXPANSIÓN DEL
SISTEMA Y LA LUCHA CONTRA EL ANALFABETISMO.
La reforma educacional partía del principio que la educación es un proceso de toda la
vida. Para hacer realidad los postulados de una educación permanente, se desarrolló y se
extendió la atención educacional a áreas no comprometidas formalmente con el sistema
regular o a áreas que comprometidas no habían sido especialmente atendidas, de tal manera
de llegar a conformar lo que podría llamarse un verdadero sistema nacional de educación,
que trascendía los estereotipados conceptos de educación formal y no formal. Gracias a
este esfuerzo se abrieron nuevas oportunidades a cientos de miles de chilenos que vieron en
la educación el camino más seguro para obtener un nivel de vida superior.
La extensión del sistema abarcó áreas tan críticas para el desarrollo del país en su
conjunto como fueron: la educación parvularia, la educación de adultos, la alfabetización, la
educación especial y el desarrollo comunitario.
a. Educación parvularia:
La Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI)
Al hablar de la nueva estructura del sistema educacional se destacó la importancia
pedagógica de extender el sistema educacional a partir de 0 a 6 años y la creación de la
Junta de Jardines Infantiles. Sin embargo, la atención alimenticia, médica y educacional a la
madre, al infante y al párvulo, en el contexto de una asistencialidad compensatoria integral
ha permitido erradicar en gran medida el grave problema de retraso mental que existía en el
país, y recuperar para el desarrollo nacional los talentos que perdía a muy temprana edad.
b. Educación de adultos:
Debido a la aguda pirámide educacional, un porcentaje alto de jóvenes y adultos no
había logrado los niveles educacionales requeridos por un desarrollo personal y profesional
adecuados para insertarse en la vida social y del trabajo. Esta situación obligó a tomar
medidas urgentes para atender las necesidades educacionales de esta población escolar,
19
conforme a modelos pedagógicos adecuados a los niveles psicopedagógicos y
experienciales de esta población, superando el tradicional enfoque curricular de adulto-niño
que ofrecía con los escasos y limitados programas tradicionales. De esta manera, el
Consejo Nacional de Educación, el 18 de octubre de 1966, echó las bases del Sistema
Nacional de Educación de Adultos, que conforme a estos principios pedagógicos permitió
desarrollar un basto programa en los centros de educación básica y las escuelas de adultos
que atendieron a más de 450.000 personas.
Estos esfuerzos complementaron los realizados por ICIRA para reducir el
analfabetismo de un 16.4% a un 9% en 1970. Sumemos a ello las 180.000 personas
atendidas en 72 establecimientos de educación media para adultos en programas especiales
diseñados para esta población.
c. Desarrollo comunitario:
Una intensa labor educativa y de capacitación se realizó a través de los centros de
madres, centros juveniles y otras organizaciones comunitarias en una actividad multisectorial.
Los beneficios alcanzaron a un número impresionante de personas si se considera que éstos
no solo fueron extensivos a los participantes directos, sino que también a sus grupos
familiares. De esta forma el sistema nacional de educación integró a toda la comunidad en
una especie de Comunidad Docente Nacional. Tarea que incorporó la participación de los
sectores privados.
d. Coordinación universitaria:
Especial atención se dio a la educación universitaria que tenía serios problemas en
relación con su falta de articulación con el resto del sistema, a su crecimiento, su aislamiento
de la realidad nacional, a su administración, a su organización curricular, a sus métodos de
trabajos, su financiamiento, a su personal profesional y a su capacidad instalada. Las
universidades seguían siendo torres de marfil que crecían sin considerar las necesidades del
país.
Con el propósito de cooperarles a las soluciones de sus problemas, se creó el Comité
de Coordinación y Planeamiento de la Educación Superior (Decreto No5866 del 16 de
agosto, 1967) y normas legales para la organización y desarrollo de la educación superior en
Chile.
También, se incrementaron significativamente los recursos asignados a las
universidades, lo que permitió un significativo aumento de la matrícula de 36.500 en 1964 a
más de 66.000 en 1970.
Todas estas medidas más las modificaciones del Sistema de Bachillerato y la
introducción de la Prueba de Aptitud Académica (PAA) permitieron una mayor vinculación
con el resto del sistema educacional.
OCTAVA LINEA ESTRATEGICA:
LA JUVENTUD Y LA EDUCACIÓN EXTRAESCOLAR:
DEL INSTITUTO NACIONAL DE LA JUVENTUD (INJ)
Preocupación prioritaria fue dar a la juventud el espacio programático que
correspondía para satisfacer demandas educacionales globales y funcionales a sus
necesidades, intereses, problemas e inquietudes y a las necesidades del país no atendidas
por el sistema regular. Esta preocupación se concretó con la creación en 1968 del Plan de
20
Desarrollo de la Educación Extraescolar y Actividades de la Juventud, creándose en el
Ministerio de Educación un departamento especial para ejecutarlo. Fue el organismo que
posteriormente dio origen al Instituto Nacional de la Juventud (INJ). Fueron decenas de
miles de jóvenes los que participaron en estas actividades antes del término del sexenio.
NOVENA LINEA ESTRATEGICA:
EDUCACIÓN Y TRABAJO: EL SISTEMA NACIONAL
DE APRENDIZAJE INACAP
La vinculación de la educación al trabajo productivo fue otra de las grandes
preocupaciones de la reforma como fue planteado al diseñar la estructura del sistema
educacional estableciendo los grados de 7 a 9 como un subciclo ad-hoc de orientación
vocacional para reorientar hacia la educación técnica el flujo de alumnos que ascendía hacia
la enseñanza media tratando de cambiar la actitud de desprecio por el trabajo manual. Más
aún, la nueva estructura mantuvo abiertas las posibilidades de inserción de alumnos en las
empresas y poder continuar sus estudios regulares. En este contexto fue como se puso en
marcha el Sistema Nacional de Aprendizaje, con Inacap, por Decreto No9163 del 13 de
octubre de 1966.
El Inacap, creado el 21 de octubre de 1966 tuvo su origen en el Departamento de
Formación Profesional de la CORFO (Cercotec) y su responsabilidad era crear los medios y
condiciones para la capacitación técnica y promoción profesional de los trabajadores en el
marco de los planes de desarrollo económico y social del país. Su misión es elevar el nivel
técnico de la fuerza de trabajo mediante la capacitación, formación y especialización de los
trabajadores en los diversos sectores de la economía.
El sistema Nacional de Aprendizaje de menores, entre 14 y 17 años, permitía adquirir
un oficio calificado mientras ejercía una actividad remunerada en una empresa, al mismo
tiempo que completaba su formación general, lo cual permitió evitar y/o absorber la deserción
escolar entre los jóvenes, ya que ellos durante un período de tres años alternados,
compartidos entre un Centro de Inacap o Escuela Industrial y una industria, el adolescente se
formaba en tres años como trabajador calificado. Miles de jóvenes, en el sexenio, gozaron
de los beneficios de los Programas de Inacap. Al día de hoy son cientos de miles los
chilenos que deben su formación y su trabajo al Inacap.
DECIMA LINEA ESTRATEGICA:
CIENCIA Y TECNOLOGÍA: LA COMISION NACIONAL DE
INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA – CONYCIT
La reforma educacional tuvo como una preocupación fundamental el promover y
desarrollar la investigación científica y tecnológica con miras a ubicar al país en el contexto
de los países desarrollados. El esfuerzo surgía de la necesidad de producir conocimientos
que permitieran por un lado fomentar el desarrollo de las ciencias puras como del
conocimiento científico aplicado que permitiera el surgimiento de tecnologías con miras a un
crecimiento y desarrollo sustentable del país. Para tal efecto, se creó la Comisión Nacional
de Investigación Científica y Tecnológica (CONYCIT) cuyos objetivos fundamentales fueron
coordinar y fomentar la investigación a tareas de financiamiento de proyectos con recursos
provenientes del estado y fuentes privadas en las universidades e institutos especializados.
21
El impacto que ha tenido Conycit se ha medido en términos del número de
investigaciones y publicaciones especializadas y proyectos científicos que se han
desarrollado y que muchos de ellos han logrado reconocimiento internacional.
ONCEAVA LINEA ESTRATEGICA: DESARROLLO, FOMENTO
Y PROTECCIÓN DE LA CULTURA.
Un profundo cambio se hizo en el área de la cultura ya que se la concibió más allá de
subproducto de la educación, reservada a quienes poseen una educación formal. A la
educación se la concibió al servicio de la cultura, como patrimonio de todos los miembros de
la comunidad, sobre todo en un país como el nuestro que atesora tanta riqueza artística
potencial por ser él depositario de una cultura centenaria, un pueblo privilegiadamente
dotado para el cultivo de las manifestaciones del espíritu.
Por esta razón el Ministerio de Educación movilizó a las comunidades para promover
desde el interior de ellas el surgimiento de expresiones artísticas en el ámbito musical,
teatral, artesanal, pictórico y del folklore en general. Propició y realizó con participación
comunitaria, encuentros nacionales y regionales masivos para exponer a la gente, como
patrimonio propio, el ballet clásico, la pintura, la literatura, el cine, la música clásica y
folklórica, las artes plásticas, la fotografía y la ciencia. Se formaron niños y jóvenes en cada
una de estas áreas en clubes, festivales, concursos y otras variadas formas de promoción
cultural, promovidas y coordinadas por la Casa de la Cultura, creada con ese propósito.
Conscientes de que el desarrollo cultural tiene sus raíces en la historia de la nación y
es un patrimonio de todos, se dictaron las Leyes de Protección al Patrimonio de las
Actividades Culturales y de Monumentos Nacionales.
DUODÉCIMA LINEA ESTRATEGIA: INVERSIÓN
EN DESARROLLO HUMANO
Un cambio cualitativo se produjo a partir de la Reforma en relación con el concepto de
gasto en educación, puesto que a partir de entonces se le consideró una inversión en
desarrollo humano. Invertir en conocimiento era la mejor garantía para lograr un desarrollo
sustentable.
Se invirtió, por ello, como nunca antes en la historia del país, proporciones
importantes, año a año, del presupuesto nacional. En promedio, el presupuesto para el
sector educación superó el veinte por ciento. El presupuesto de educación aumento a 1.100
millones de escudos en 1964 a 2.900 millones en 1970, ambas cifras expresadas en moneda
de igual poder adquisitivo. Pero más importante que la cantidad de recursos asignados a
educación, fue el sentido de equidad con que se hizo la distribución interna del presupuesto,
orientando los recursos mayoritariamente para favorecer los sectores más pobres.
RESULTADOS E IMPACTO
La magnitud de los esfuerzos y recursos comprometidos en la reforma educacional
fueron largamente compensados por los resultados logrados de un analfabetismo del 9%, de
una escolaridad del 95% y del incremento de la escolaridad media de 3,5 de la población
activa a casi el doble. No obstante, más allá de los resultados, la obra educacional del
22
Presidente Frei Montalva tiene un significado y una proyección para el desarrollo del país que
la historia valorará a su debido tiempo. Por de pronto, vale la pena destacar el rol que se
asignó a la educación como agente de cambio y como una inversión en desarrollo humano.
La valoración del conocimiento y la necesidad imprescindible de que este conocimiento fuera
patrimonio de toda la población y en particular de los más desfavorecidos, es la mayor
contribución que se ha hecho para democratizar y modernizar la sociedad chilena en muchos
años.
La incorporación masiva de la población a los beneficios del saber y la cultura, constituye el
punto de quiebre en Chile, para pasar a transitar por el camino del desarrollo; aunque la
masificación de la educación ha tenido también consecuencias que se reflejan en los
indicadores de calidad de la misma, que hoy día se manejan. Habría que preguntarse si es
éste un fenómeno irreversible o un desafío que la comunidad nacional debe asumir en su
conjunto, con políticas de largo plazo, porque los cambios educativos toman tiempo,
rebasando por lo general, el de los gobiernos que los impulsan, y requieren la estabilidad
para producir los frutos deseados. A los educadores, nos cabe la responsabilidad de diseñar
estrategias adecuadas para mantener en situaciones masificadas de enseñanza-aprendizaje,
el control de las variables requeridas para un aprendizaje eficaz.
Finalmente, debe reconocerse que los logros alcanzados se deben al compromiso de
los profesores con la reforma, compromiso y dedicación y nivel profesional de excelencia de
los profesionales que entregaron con verdadera mística su aporte para el mejoramiento de la
educación del país. En este sentido es digna de destacar la colaboración prestada por las
universidades del país y de renombradas universidades del extranjero, que pusieron a
disposición del Ministerio de Educación, a través del Centro de Perfeccionamiento, a sus
mejores profesionales.
La calidad de los cambios realizados estuvo avalada por la sabia conducción
académica e intelectual del proceso del Ministro Juan Gómez Millas.
LECCIONES QUE APORTA LA EXPERIENCIA
Las lecciones que deja la experiencia de la Reforma Educacional de los años 64-70,
son muchas y de diversa naturaleza. Algunas de las más importantes se analizan a
continuación:
1. Políticas de estado.
El planteamiento de una reforma integral requiere de tiempo, continuidad y estabilidad
social y política. Requiere de políticas de estado en educación que transciendan a los
gobiernos. A la reforma le faltó tiempo para internalizar y madurar el mensaje científico-
pedagógico y el manejo de nuevas metodologías y técnicas que implicaban los cambios.
2. Participación
La participación de todos los involucrados en el proceso educativo, alumnos, padres
de familia, directivos y particularmente los profesores, no es nunca suficiente para afianzar el
proceso de cambio. No hay cambio educativo sin que los profesores se comprometan con el
mensaje de la innovación y tengan dominio del contenido, la metodología y las técnicas que
23
ella implica. Para ello, es necesario que participen activamente en todo el proceso
innovador, desde su planificación, programación, ejecución, evaluación y seguimiento.
3.
Plan de nuestra marcha
El Plan original de Puesta en Marcha de la Reforma debió ser modificado para poder
aplicar los nuevos programas de estudio en sólo 4 años, en tanto que se requería de, por lo
menos, el doble de tiempo para afianzar sus resultados e impacto. Esto indica que el plan de
puesta en marcha de una reforma debe ser explicitado y conocido oportunamente por toda la
comunidad y, en particular, por quienes deben aplicarlo. Debe ser diseñado de acuerdo a la
realidad educativa nacional, considerando recursos humanos, medios, materiales y,
particularmente, el tiempo. De acuerdo a esto, debe ser graduada su implementación. En
ninguna otra situación es más aplicable que en ésta, la sabiduría del dicho popular “que no
por mucho madrugar, amanece más temprano”.
4.
Calidad versus masificación
La masificación de las aulas, producto de la ampliación de la cobertura total de la
matrícula, generó problemas o magnificó problemas metodológicos y curriculares existentes,
que tomaron de improviso a los profesores, directivos y técnicos de las escuelas y del
sistema educacional en general, acostumbrados en su mayoría, a trabajar en situaciones
más bien reducidas y selectivas de aprendizaje. Se planteó de hecho el problema de calidad
versus masividad, que es el gran desafío que enfrentan los sistemas educativos en la hora
presente. Debe darse respuesta a este dilema a no ser que consideremos irreversible el
hecho que cuando las masas ascienden a la cultura y a la educación, éstas necesariamente
tienen que bajar de calidad.
5.
Perfeccionamiento docente
La experiencia demostró que el perfeccionamiento docente es fundamental para el
logro de los objetivos propuestos. Sin embargo, el perfeccionamiento masivo y concentrado;
siendo útil en una primera etapa en ciertos aspectos más bien informativos, no es suficiente.
El perfeccionamiento más eficaz es el que se realiza en servicio y en forma sistemática, a
partir de estrategias, metodologías y materiales específicos, cuyos comportamientos es
posible observar y aplicar directamente en el aula, seguidos de talleres de interaprendizaje o
“círculos de estudio”, de sistematización por parte de los docentes, directivos y técnicos de la
unidad o unidades escolares involucradas.
Todo este proceso debe ser apoyado por las instituciones y organismos técnicos con que
cuenta el sistema educacional y por las universidades e instituciones privadas
especializadas; en suma, por toda la comunidad docente nacional. Al CPEIP le
correspondería un rol fundamental de coordinación de dichos esfuerzos, de normar,
supervisar y de ofrecer apoyo técnico, funcionando como un Sistema Nacional de
Mejoramiento de la educación.
24
6.
Rol de las universidades.
A pesar de la vinculación que existió entre el CPEIP y las facultades de Educación vía
la incorporación de sus profesores al equipo técnico del Centro y la transferencia de
experiencias que ello implicó al interior de las facultades de educación, la experiencia nos
dice que la vinculación a nivel nacional, institucional y sistemática de las Universidades es
indispensable para ejecutar los programas de perfeccionamiento en servicio.
Esta
vinculación es fundamental para que la formación inicial de docentes sea convergente,
congruente, relevante y funcional a las necesidades educativas del sistema y a los desafíos
de las innovaciones curriculares.
Es la mejor manera de dar soporte práctico
complementario a la formación teórica del docente.
7.
Sistema de evaluación e información.
La experiencia dejó en evidencia la necesidad de contar con un Sistema de
Evaluación e Información que retroalimentará el proceso con las rectificaciones oportunas en
cada caso y en el lugar preciso, si ellas fueran puntuales y, a nivel nacional, en el caso que
fueran rectificaciones de carácter general. A pesar de que la Prueba Simce se aplicó con
ese criterio, no estaban dadas las condiciones para utilizar su información por carecer del
sistema apropiado para tal efecto. El sistema de información debe plantearse a nivel
nacional y descentralizado, de manera que la información sea utilizada en las comunidades
locales y en las propias unidades escolares en forma oportuna, para hacer las correcciones
que fueren necesarias o bien para compartir experiencias exitosas con otras comunidades al
igual que evitar las que resulten negativas.
Nuevamente se debe advertir del peligro y la tentación que existe por utilizar la
información de la evaluación de los aprendizajes y el currículum para fines diferentes a los
objetivos del programa escolar. En tal caso se correría el riesgo de transformar a la
evaluación en un instrumento de selectividad y anquilosamiento de las innovaciones y del
sistema educacional en general.
8.
Seguimiento y sistematización.
La experiencia demostró la necesidad de contar con un plan de seguimiento para
afianzar los resultados e impactos logrados en cada etapa de aplicación y al término de la
experiencia y de la sistematización de la misma con el propósito de transferencia y
replicación.
25
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Centro de
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Perfeccionamiento, Ministerio de Educación, Misión Unesco. Chile. 1969.
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Perfeccionamiento, Ministerio de Educación Chile, 1968.
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